Huis Clos
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En “A porta tancada”, Sartre nos muestra a unos personajes conscientes de ser ellos mismos “pecadores”. Están en el infierno, un lugar donde todo es eterno presente. Sin días ni noches. El no-tiempo. Esta situación que según como podría ser el inicio de una comedia de éxito de boulevard enseguida muta, puesto que los personajes se darán cuenta que quizás el verdadero infierno no sea ni un espacio ni un tiempo sino una mirada”.

Nada más entrar al escenario de Sala Atrium, la escenografía que nos da la bienvenida nos transporta a una atmósfera propia de los años 40. Una habitación, que podríamos decir en un primer momento que es de hotel, en la que se percibe algo raro, una incomodidad invisible en el aire. Al empezar el espectáculo, la única puerta del escenario se ilumina mostrándonos que un ascensor acaba de llegar. El primero de muchos juegos de luces que se seguirán y que simbolizarán otros cambios y figuras metafóricas dentro de la obra.

A escena entran Xavier Ripoll (Garcin) y Kathy Sey (criado), y mantienen una primera conversación que ya deja entrever la densidad del texto, así como su dureza y consistencia. El texto de Sartre reconoce desde el primer momento la filosofía propia de los años 40, la recta final de la Segunda Guerra Mundial y un pensamiento pesimista, en el que incluso los que parecen más buenos son en realidad malos. La inclusión de los dos personajes restantes, interpretados por Patrícia Mendoza (Inés) y Mireia Trias (Estelle), empieza el conflicto de la obra, la historia de tres personas condenadas a convivir eternamente en una habitación cerrada dentro del infierno.

La dirección de Jordi Prat i Coll se adapta perfectamente al texto, para crear un espectáculo que no busca gustar o satisfacer, sino incomodar. El público, a medida que avanza la obra, siente el calor que los propios personajes sienten, así como su inestabilidad e, incluso, sus ganas de poder escapar. Cuando el espectador se remueve en su asiento y no encuentra un punto de conexión empática con los personajes (sea real o por negación), el espectáculo gana. Se busca la controversia, el no gustar por gustar, se busca que la audiencia salga de la sala con sólo dos opciones en la cabeza: buena o mala.

No obstante, no se tiene en cuenta que esta obra fue escrita por un existencialista del 1944, donde la visión del mundo y la sociedad eran totalmente diferentes. La posición de la mujer, por ejemplo, estaba en un punto muy diferente del de ahora y, si se hace una adaptación de una obra como esta, no se puede salir con la sensación de haber visto la historia de cómo un hombre sufre por culpa de dos mujeres. Además, el hecho de convertir a le garçon d’étage en una mujer negra no ayuda mucho, si tenemos en cuenta que sólo se le dan tres encarnaciones bastante estereotipadas y ofensivas: criada, cantante de jazz y miembro de una tribu africana. Se busca incomodar y crear controversia, pero dónde se encuentra el límite de libertad para llegar a este resultado no acaba de quedar claro.

Huis Clos (A porta tancada) seguirá creando una atmósfera infernal hasta el 28 de febrero a Sala Atrium.



Teatro: Sala Atrium
Web teatro
Autor del texto: Jean-Paul Sartre
Dirección: Jordi Prat i Coll
Intérpretes: Patrícia Mendoza, Xavier Ripoll, Mireia Trias, Kathy Sey


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