Ayer aterrizaba en Barcelona uno de los mejores guitarras que corren por el mundo del rock. Y quizás porque era sábado de fútbol, por una promoción más que discutible y poco eco en los medios, porque la sala pequeña del Razzmatazz no promete el mejor de los sonidos, porque quizás en el fondo el hard rock no tiene quorum aquí, o por cualquier otro motivo que se me escapa, Mark Tremonti – guitarra de Creed y Alter Bridge, y líder de su propio grupo – se encontraba con un Razz 2 que apenas estaba medio lleno.

Pero lejos de arrugarse el grupo saltó al escenario con un convencimiento indestructible y abordaron su directo con las mismas energías que si estuvieran tocando en un festival ante 30.000 personas.

Durante hora y cuarto, Tremonti ofrecieron un concierto potente y a la vez íntimo por las circunstancias, que permitió a los entregados fans bailar i saltar a placer y acercarse a la banda tanto como quisieron.

En el setlist, un completo repaso a sus dos discos publicados hasta la fecha: “All I was” (2011) y el reciente “Cauterize” (2015). Precisamente con el primer single homónimo de este y sin preámbulos empezaba el concierto de anoche. Un primer corte como muestra completa de lo que la banda ofrece, riffs endemoniados, caña metalera combinada con un estribillo con gancho, la potente voz de Mark, la batería incisiva de Garret Whitlock, delays y suavización del ritmo en algún fragmento. Y sí, el nombre de Tremonti es el que aparece en la cortina que preside el escenario y el que corea la platea pero desde que arrancaron ese primer tema, el bajo Wolfgang Van Halen y el guitarra Eric Friedman dejaron claro que no iban a ser simples comparsas. Los dos tuvieron momentos de sobras de demostrar su habilidad a las cuerdas y de mandar continuas muestras de complicidad al público, a la vez que hacían evidente que los cuatro miembros de Tremonti son un conjunto bien compenetrado.

Mark Tremonti

Siguieron sin pausa, del primer álbum, “You waste your time”, “All I was” y “So, you’re afraid”. Después sí, una breve introducción, dio paso a más de los temes nuevos, “Flying monkeys”, “Radical change”, “Arm yourself” o la balada “Providence”. Las infalibles “Decay” y “Another heart” consiguieron los coros más sentidos por parte del público.

Y así, entre canción abordada con energía, interpelaciones al público, continuos cambios de guitarras y arengadas al grito de “Barcelona” los Tremonti sacaron petróleo de las piedras, consiguiendo que la gente saltara, cantara, organizara un circle pit donde casi no había gente para hacer uno y hasta que un atrevido hiciera un intento de crowdsurfing.

Completado el setlist previsto, Tremonti anunció que no iban a hacer aquello tan extraño de simular que se iban del escenario para volver al cabo de un rato a por un bis, pero que quien quisiera encontrarlos lo haría en la paradita de merchandising del fondo de la sala. Y tal cual, acabado el concierto aún tuvieron tiempo para vender camisetas, charlar con los fans y firmar.

Sabor agridulce pues para una noche en la que estos grandes músicos hubieran merecido mejor sala, acústica y convocatoria, pero que con su entrega y buena música dejaron satisfechos y renovada la devoción con los que tuvimos el placer de estar allí.

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