The assassin
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De una exquisitez plástica incuestionable, “The assassin”, llega a nuestras pantallas dejando sensaciones contradictorias.

Nie Yinniang (Qi Shu), perteneciente a la aristocracia, es una experta en artes marciales que entrena para eliminar de la tiranía a sus rivales políticos. El seguimiento de su linaje la pondrá en la tesitura de tener que eliminar a su gran amor.

Basada en un cuento de la dinastía Tang en China del siglo IX, el prestigioso director taiwanés Hsiao-Hsien Hou, presenta una historia que va más allá de su sencilla línea argumental. Sin lugar a dudas, lo que más llama la atención de esta propuesta cinematográfica es su exaltación estética. Comienza con un prólogo en blanco y negro y una ratio de imagen de 1:33, para sumergirnos, inmediatamente, en una imagen convencional en color que propone una hermosa narratividad que fluye de manera intermitente. La poética de su composición escénica hacen que podamos disfrutar de una experiencia visual profunda y trascendente. De las artes marciales, apenas cinco minutos en todo el film.

Y es que Hsiao-Hsien Hou prefiere instalarse en planos largos para mostrarnos la espectacularidad de unos paisajes naturales por donde la cámara balancea, elegantemente, alejada de los personajes y las acciones. Las cortinas, la brisa, la llama de una vela … enseñan una coreografía estudiada por donde los personajes se posicionan, desde el punto de vista de Nie, esperando el momento oportuno para actuar. Todo ello para permitirnos disfrutar plenamente de los cinco sentidos.

The assassin

Pero este mismo hecho se nos vuelve en contra. Se tiene la impresión de que una gran brecha cultural provoca que la percepción occidental no acabe de encajar en este tipo de narrativa. Y no hablamos sólo de un ritmo lento, sino de un mensaje sencillo y directo que necesita de eternas pausas y de imágenes simbólicas para ser explicado. Este drama prefiere la reflexión a la acción, las dudas en las decisiones. Y el metraje se alarga.

La distancia entre la pantalla y el espectador es grande. Se hace difícil empatizar con la historia o el personaje protagonista. Tal vez, como ya he comentado, hay demasiados kilómetros entre la manera de entender el cine entre oriente y occidente. Tal vez, la propuesta busque centrarse en la iconicidad de las imágenes, en el significado de la estética por encima de las emociones más terrenales. Tal vez, sólo tal vez … Desde el alma, “The assassin” se pierde; desde la plasticidad audiovisual, el filme cautiva. Entre el yin y el yang, así me he quedado.

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