Life
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En 1955 un joven de nombre James Dean caminaba bajo la lluvia con un abrigo oscuro con el cuello levantado, un cigarrillo en los labios y la mirada perdida. Un fotógrafo captó esa imagen que se ha convertido en icono de un chico elevado a mito por su muerte prematura, cuando todavía no sabía demasiado bien ni el público ni él mismo quién era. Aquellos momentos sirven a Anton Corbijn para pintar un particular retrato de una figura de la cultura popular, tal como hizo en 2007 con el cantante de Joy Division, Ian Curtis, en “Control”.

Que nadie espere de “Lifeun biopic de James Dean porque el filme de Corbijn no quiere serlo ni mucho menos. El realizador holandés ha sido fotógrafo de Bowie, Dylan o Sinatra, ha dirigido videoclips de Nirvana o Coldplay y videos de conciertos para gente como U2, Depeche Mode o Metallica, y de hecho lo que le interesa es centrarse en la capacidad de un objetivo de captar un alma, una personalidad, de capturar cosas que ni siquiera el ojo humano puede percibir ni las palabras describir.

A principios de 1955, Dean (Dane DeHaan) acababa de rodar “Al Este del Edén” y deseaba conseguir el papel protagonista para una nueva película, “Rebelde sin Causa”. Mientras espera el gran estreno de la primera, conoce a un fotógrafo freelance, Dennis Stock (Robert Pattinson) que espera que algun medio reconozca su trabajo. Entre los dos surge una amistad, mientras James intenta encontrar su lugar en el camino de chico de pueblo a estrella de Hollywood, y Dennis intenta resolver sus problemas económicos y familiares esforzándose por conseguir comunicar al mundo, a través de unas fotos, las cualidades que sólo él ha podido ver en su nuevo amigo.

Dane DeHaan i  Robert Pattinson a "Life"

Y eso, todo ello y a la vez sólo eso, es lo que Corbijn nos explica en “Life“. Una historia que quizás frustrará a los que esperen un biopic al uso sobre un actor más leyenda que persona real que hubiéramos tenido tiempo de conocer. Lo que el director hace es similar a lo que hace su protagonista, intentar que descubramos en la imagen una perspectiva que él ha captado pero que no resulta evidente.

Con este mismo espíritu las interpretaciones de Pattinson y sobre todo de DeHaan son sutiles, introspectivas y matizadas, no haciendo demasiado evidentes los caracteres de dos personas que de hecho aún se están descubriendo a mismas, pero apuntando lo que pueden llegar a ser. De hecho, en un juego de espejos vemos lo que Corbijn muestra de lo que la mirada de Stock muestra de Dean.

El problema es que precisamente porque como espectadores y cinéfilos, 60 años después de su muerte, estamos ya unos pasos más adelante en lo que James Dean nos sugiere, a ratos cuesta quedarse en un estadio tan temprano y volver a ver en él un chico de granja inseguro la rebeldía del cual los estudios intentaban poner en vereda. El film requiere sustraernos de nuestra perspectiva mental de 2015 durante dos horas.

En el lado positivo, Liferesulta un bonito homenaje al arte y el poder comunicativo de la fotografía, bien ambientado por obra del trabajo de escenarios de Los Ángeles, NY e Indiana, el vestuario y la música en una época de interesantes cambios, y la contrastada combinación del color de la imagen en movimiento y el blanco y negro de las fotografías.

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