Només són dones
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Cinco mujeres. Cinco historias. Cinco voces que nadie quiso escuchar. Hasta ahora. Con la ayuda de la ficción, pero creada a partir de la más cruda realidad, Només són dones nos explica los sufrimientos y las penurias que vivieron miles de mujeres en las prisiones de todo el Estado español durante la Guerra Civil y el inicio del franquismo.

Només són dones de Carmen Domingo es un conjunto de historias entrelazadas que explican las vivencias de cinco mujeres durante un periodo de guerra, injusticia y sufrimiento. Un texto fuerte y consistente que incomoda al público por su dureza, que busca crear un cambio dentro de la mente del espectador y lo consigue completamente.

Carme Portaceli firma una dirección perfecta que sólo hace que las palabras de Carmen Domingo tomen la mejor forma posible para cruzar los umbrales de la platea. Nada se puede decir en contra de su trabajo que ejerce con precisión, cordura y, sobre todo, empatía.

Pero, sin querer quitar mérito a las dos grandes mujeres que hacen posible este espectáculo, a ellas se los junta la quizás más importante: Míriam Iscla. No hay actriz ni actor capaz de hacer lo que hace ella. Si con Dona no reeducable ya nos tenía enganchados a la butaca con su actuación, aquí sube los pequeños peldaños que le quedan para llegar a la cumbre de la perfección escénica y coronarse como la mejor actriz que tenemos actualmente.

Només són dones

Su naturalidad y pasión a la hora de hacer su trabajo son remarcables, y es la voz perfecta para aquellas mujeres que nunca tuvieron. Les hace una justicia de la que no pudieron disfrutar en vida con la ayuda de la poesía de Carmen Domingo y las directrices de Carme Portaceli. Pero, sobre todo, con la ayuda escénica de Maika Makovski y Sol Picó (o Xaro Campo), dos expertas en su campo que no hacen más que aumentar la presión en el pecho que sufren los espectadores.

Míriam Iscla podría perfectamente llenar el escenario ella sola, y se podría por lo tanto pensar que cualquier cosa más allá de su actuación molesta. Pero la decisión de hacerle compartir escenario con dos fuerzas tan bien preparadas es una de las mejores directrices que se podrían haber dado. La fuerza que se transmite con su voz se multiplica por tres con la ayuda de la música de Maika Makovski y la corporalidad de Sol Picó y Xaro Campo.

En la Sala Petita del TNC sólo hay mujeres. Sólo hay voces mudas. Sólo hay figuras invisibles. Sólo hay historias demasiado reales para ser escuchadas. Es por eso que en la Sala Gran tenemos una comedia musical, para apagar los gritos de a quienes nunca nadie ha hecho caso. Sólo son mujeres y tienen suficiente con la Sala Petita.



Teatro: TNC Sala Petita
Web teatro
Autor del texto: Carmen Domingo
Dirección: Carmen Domingo
Intérpretes: Míriam Iscla, Maika Makovski, Sol Picó/Xaro Campo

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