Slow west
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John Maclean presenta un virtuoso western de estructura clásica con un mensaje profundo y poético.

Para los que hacemos bandera de la lentitud existencial el título de este film nos reconforta. En efecto, “Slow west” no es un western de ritmo frenético. Nos encontramos ante una historia de amor adolescente. La inocencia y la determinación se convertirán en el motor de un mundo donde la codicia y la necesidad se interpondrán. Escrita y dirigida por John Maclean, “Slow west” propone una mirada calmada de la estupidez humana en forma de western. Jan Cavendish, un joven escocés cruza América en busca de la mujer que ama. Un malhechor, Silas Séllecs, le hará de guía. Y esta sencilla línea argumental servirá para llevarnos, poco a poco, por unos caminos polvorientos. Dibujados con un trazo suave a través de paisajes solitarios y de realidades feroces.

Un guión sólido, sin demasiados aspavientos, que conduce de una manera un tanto poética la locura de un chico que, sin saberlo, provoca que la avidez se aproveche de su tierna inocencia. Una historia sobre la contradicción humana. Donde los actos más puros no siempre encuentran una solución cómoda. Un soplo de aire fresco que pretende profundizar en el alma de las personas. A veces hay que plantearse qué hace uno en la vida. Darle algún sentido. Esta propuesta quiere detener la rueda. Una rueda de infortunios y una dinámica mermada de humanidad y de sentido crítico.

Slow West

Protagonizada por un joven y prometedor Kodi Smit-McPhee y por un maduro y convincente Michael Fassbender, el enfrentamiento entre el viejo y el nuevo mundo se nutre del humor y de las buenas réplicas. Destaca una fotografía evocadora, virgen y desértica que nos envuelve en un ambiente de soledad. Maclean ha sabido usar una estructura clásica pero eficiente. Muestra virtuosidad explicando en un metraje que no llega a los 90 minutos lo que se propone: las desventuras de un joven idealista y de cómo los papeles de protector y protegido, de conductor y conducido se van difuminando progresivamente. Una historia que dice más con el no-dicho. Que usa las palabras y las acciones con una coherencia y sentido que el espectador agradece. No echamos nada de menos. Ningún detalle nos sobra.

En definitiva, Maclean se sirve del far west para hilar ilusiones, esperanzas y avaricias. Como resultado sale un western reflexivo de buen digerir. Una película austera que sabe administrar la sorpresa. Donde las secuencias de acción se amalgaman con elegancia y sentido para establecer un ritmo adecuado. Un retrato limpio y punzante sobre el mundo civilizado. “Slow west” viene de Nueva Zelanda para sacudirnos, suavemente, y para hacernos replantear el camino.

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