El rey de la Habana
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Cinco años después de triunfar con “Pa Negre”, Agustí Villaronga vuelve a tomar las riendas de un largometraje con “El rey de la Habana”, cambiando la Catalunya de post-guerra por la capital cubana de los años 90. Un retrato de un lugar y una época dura a partir de tres personajes principales que en el pasado Festival de San Sebastián le valió el premio a la Mejor Actriz a su protagonista.

Basándose en el relato homónimo del periodista cubano Pedro Juan Gutiérrez, el director Agustí Villaronga arranca “El rey de la Habana” con una nota de humor negro que podría servir muy bien como metáfora de lo que pretende contarnos, la vida de los “sin voz” en una de las etapas más duras para la población humilde de la isla. No obstante, después de este arranque, el catalán gira el rumbo y decide mostrarnos aquella realidad social a través de una série de escenas reiterativas y divagantes que podrían concluirse con un sencillo titular “en Cuba se follaba mucho y se comía poco“.

El “rey” del título es Reinaldo (Maikol David), un joven que tras un incidente en su casa es enviado a la cárcel. Tras conseguir fugarse del correccional, comenzará un periplo para intentar sobrevivir en las calles de la Habana de finales de los 90, sin mucha idea de cómo ganarse la vida y esquivando que le vuelvan a detener. Esperanzas, desencantos, ron, buen humor y sobretodo el hambre le acompañan hasta que conoce a dos personas que le marcarán la vida. Una es Magda (Yordanka Ariosa) una mujer que también intenta sobrevivir como puede, y Yunisleidy (Héctor Medina Valdés), un travesti con corazón de oro que esconde un montón de fragilidades bajo una apariencia de determinación para ir por la vida. Este curioso triángulo intentará llevar la miseria material y moral que les rodea, viviendo hasta el límite el amor, la pasión, la ternura y el sexo más desacomplejado.

El rey de la Habana

Así, lo que empezaba con promesas de fresca ironía y seguía como una peripecia social y vital con humor, se acaba alargando entre un sórdido triángulo amoroso con aires de culebrón cada vez más repetitivo y divagante. El papel de Yordanka Ariosa, la premiada en San Sebastián, que es como una fuerza de la naturaleza intentando combatir contra los molinos de la realidad cubana, acaba rallando el patetismo por esta evolución de la trama. El protagonista masculino, este Rey de la Habana, se pierde entre menciones a su miembro viril y lor ires y venires entre los brazos de sus vecinas que poca empatía despiertan. Y uno de los personajes más interesantes, el travesti Yunisleidy, acaba viendo difuminada su aportación hasta desembocar en un final francamente incomprensible y fuera de tono.

Hecha la presentación de ambiente, eso sí, bastante logrado, el film aguanta bien unos primeros 40 minutos, pero no sabe mantenerse ni aportar nuevas cartas a partir de allí. Y entendiendo que Villaronga ha querido mostrar como en aquella época dura de Cuba el sexo era lo único libre que les quedaba a los habitantes immersos en la pobreza, la forma de mostrarlo acaba reducida a una especie de “porno light” que va perdiendo fuerza y credibilidad y en el que el espectador se pierde entre histéricos melodramas, “folleteos” y penes desproporcionados.

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