El Festival de Sitges afronta el tramo final. Hoy “Maggie” nos ha demostrado que los zombies (y Arnie también) tienen sentimientos, “El cadáver de Anna Fritz” nos ha mostrado el monstruo dentro del ser humano y “Strangerland” nos ha acercado a la desesperación de unos padres en la búsqueda de sus hijos.

El cadáver de Anna Fritz

El cadáver de Anna Fritz

La célebre actriz Anna Fritz ha muerto, dejando un cadáver tan joven y hermoso que cuando tres amigos se cuelan en el depósito de cadáveres para contemplar el cuerpo inerte, no podrán resistir la tentación de traspasar los límites de lo moral.

La ópera prima de Héctor Hernández Vicens comienza enmarcándose dentro del género de la necrofilia, que te gustan sexualmente los muertos – según el código penal español, el que, faltando al debido respeto a la memoria de los muertos, viole o profane un cadáver, sólo puede llegar a ser castigado con una pena de tres a cinco meses de prisión- para convertirse, a partir del traumático incidente desencadenante, en un intenso y claustrofóbico thriller psicológico que no dejará salir a sus personajes del decorado en toda la cinta.

El director explicó que tenía ganas de explicar lo que “es capaz de hacer una persona para sobrevivir socialmente y defender su imagen” y como “el ser humano puede convertirse en un monstruo”. “El cadáver de Anna Fritz”, de producción catalana, participa en la Sección Oficial a Competición del Festival de Cine de Sitges y saca su inspiración de películas con un único espacio donde es un personaje más.

El filme lo protagonizan Alba Ribas, Cristian Valencia, Albert Carbón y Bernat Saumell. Mención especial merece el trabajo de Alba Ribas, que interpreta a una Anna Fritz en estado de pánico después de recuperar la conciencia y comprobar la pérdida de respuesta de su propio cuerpo justo. No es fácil transmitir tanto sin mover un músculo.

Maggie

Maggie

En “Maggie”, los zombis también tienen sentimientos. Y Arnold Schwarzenegger compone uno de los papeles más sutiles y emotivos de su carrera interpretando Wade, un padre dispuesto a hacer lo necesario para proteger a su hija (Abigail Breslin), infectada con un virus y obligada a permanecer en cuarentena. “Maggie” retrata un momento inusual en el cine de zombies: el del cambio, gradual, de persona a muerte viviente.

“Maggie” es una película de tempo lento. Necesita paciencia y si no se la dais os perderéis un tramo final cruel, triste pero de gran belleza. También hay que tener muy claro lo que uno va a ver. “Maggie” NO es un film con Arnold “Terminator” Schwarzenegger aniquilando zombies sin remordimiento. Aquí es un padre que sabe que su hija tiene una sentencia de muerte sobre su cabeza. Deberá matarla del todo o verla como una muerta en vida, pero nunca más volverá a sersu niña.

“Maggie” supone una estupenda carta de presentación para Henry Hobson, su director, que hasta ahora se había dedicado, sobre todo, a diseñar títulos de crédito para películas y videojuegos. También supone una buena oportunidad para ver un Arnold diferente, incluso, entrañable. Y hay que destacar la interpretación de Abigail Breslin con un personaje que evoluciona desde la indefensión al peligro latente mientras mira de decir adiós a todo lo que perderá cuando deje de ser ella misma.

Strangerland

Strangerland

Recién instalados en un remoto pueblo australiano, Catherine (Nicole Kidman) y Matthew (Joseph Fiennes) ven con terror como sus dos hijos adolescentes han desaparecido en el desierto en plena tormenta de arena. Con el pueblo movilizado para encontrar los chicos, se desencadenan rumores terribles.

Con interpretaciones solventes de Nicole Kidman (sobre todo), Joseph Fiennes y Hugo Weaving, “Strangerland” nos llega de las antípodas con una atmósfera que nos remite a “Picnic en Hanging Rock”. El ambiente desértico genera un cierto desasosiego que se incrementa con la salida a la luz, con la desaparición de los dos hijos, de todos los problemas familiares existentes en aquella casa. “Strangerland” muestra un matrimonio que ya no se ama, ya no se desea. La desaparición, además, demuestra que tampoco saben nada de lo que hace su hija y, en el caso de Catherine, que tampoco se ha dado cuenta de sus carencias sentimentales y sexuales bastante similares a las de su hija.

“Strangerland” peca de lentitud, exasperante algunos momentos, pero tiene un ambiente que recuerda “True detective” o “La isla mínima”. Una investigación en la que se descubren muchas intimidades y muchas verdades escondidas. El final un poco desconcertante, por cierto.

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