Fito y los Fitipaldis triunfan en Barcelona en la presentación de su último trabajo “Huyendo conmigo de mi”. Un Palau Sant Jordi lleno se rinde a su rock auténtico.

La gente fluye por los pasillos buscando su lugar. Los hay que se sientan en la seguridad y comodidad de la grada. Otros, los más atrevidos, prefieren el fragor, el sudor y la vibración de la pista. Por las venas del Palau Sant Jordi de Barcelona, la sangre se ha convertido en rock. La pureza de su inocencia queda manchada por la espuma de la cerveza y la fuerza de su ritmo. Fito y los Fitipaldis, le ponen el cerebro y la estética. El corazón late con palabras bellas que se desplazan por las arterias de los miles de espectadores que se rinden a sus pies.

Escondido bajo unas gafas humeantes y su inseparable gorra, Fito Cabrales aparece, humilde, sobre un escenario vestido por el arte audiovisual que acompañará a sus canciones. Está de gira, presentando su último trabajo «Huyendo conmigo de mi» Y esa huida-encuentro golpea en un Fito que sabe encontrar el equilibrio entre el baño de multitudes y la introspección artística. Uno tiene la impresión que abraza la fama del mismo modo que la modestia. Centra su mirada en los acordes y no es hasta bien entrado el concierto que se atreve a levantar la cabeza para saludar al respetable. A diferencia de otras estrellas del rock, la verborrea y el alcohol no consiguen agasajarlo. Con profesionalidad y carácter, prefiere dar protagonismo a las letras de sus canciones. Quizás una muestra del respeto hacia su trabajo y hacia los miles de seguidores que tiene ante sí.

Fito Cabrales

Para ello, la banda le va acolchando y dando seguridad. El virtuosismo y saber estar aumenta a medida que pasan los minutos. Y la guitarra de Carlos Raya y sus combates con el saxofonista Javier Alzola conducen hasta la excelencia dos horas y media de concierto. Ante un lleno imponente no falla ninguno de sus grandes éxitos: desde “Por la boca vive el pez”, “Soldadito Marinero”, “La casa por el tejado” hasta sus últimas composiciones como “Entre la espada y la pared”, “Después del naufragio” y “Nos ocupamos del mar” (letra de Jorge y Javier Krahe), que le sirven para saciar la sed de sus más fieles seguidores.

En el ambiente se masca la fórmula del éxito: los acordes de un rock and roll identificable y contundente; y la poética de unos versos cercanos y auténticos. Sin florituras, dando primacía a sus letras. Al mensaje que hace latir, a las metáforas que le dan de comer. En este sentido, Fito se mueve en una contradicción vital. Pero no le importa, es un experto en el arte de contrastar y constatar que nuestra existencia no es de un solo color y que los sentimientos se encuentran, a menudo, en un confín de contradicciones. En el Palau Sant Jordi una fuerza natural emerge de las entrañas para entender un mundo donde la vida, la muerte y el rock and roll se aman, eternamente. Canta Fito: “Nunca se deja de crecer, nunca se deja de morir”.

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