Alberto Conejero es un dramaturgo residente en Madrid que estrenó la temporada pasada “La Piedra Oscura” en el Centro Dramático Nacional. Su éxito ha llegado a materializarse con el Premio Ceres 2015 a Mejor Autor.  A partir de Septiembre, podremos disfrutar de ese texto y de otro más íntimo en Nave 73: Cliff (Acantilado).

Siempre he pensado que el arte está muy relacionado con la política. Tú como amante de la tierra que lo creó, Grecia, qué opinión tienes acerca de los últimos acontecimientos de allí.

Empezamos fuerte ya con la primera pregunta. Grecia. Viví dos años en el país, hablo griego moderno y para mí Grecia es casi una segunda patria. Más que Grecia, creo que el idioma. El griego para mí es una segunda patria. Es muy difícil simplificar una situación tan compleja como la de Grecia. Tendemos a eso: a una simplificación del relato.

Yo creo que ocurren dos cosas. En primer lugar, Grecia ahora está pagando el propio esfuerzo de ser lo que nunca fue. Grecia en el siglo XIX, trató de parecerse a lo que Europa creía que Grecia debía ser. Respondiendo a esta imagen de la Grecia clásica que se inventó la filología cuando Grecia, realmente, en el siglo XVIII-XIX era un conjunto de poblaciones muy dispersas con mucha influencia turca, armenia, judía, etcétera… Y Grecia siempre se ha esforzado por ser algo que ella no es. Ella es un país mestizo, híbrido, heterogéneo…que ha tratado esquizofrénicamente de presentarse a Europa como lo que Europa quería que Grecia fuese. Ese paternalismo, que la propia Grecia asumió, nos ha estallado a todos porque la realidad es que los gobiernos griegos se han portado un poquito como un tahúr. Pero este tahúr se sienta a una mesa a jugar y resulta que el resto de convidados son mafiosos. Es verdad que Grecia ha hecho muchas trampas con sus cuentas. Pero a la postre, los gobiernos europeos se están comportando como mafiosos y quien lo paga es el pueblo griego que está en una situación de emergencia.

Hemos de tener en cuenta que Grecia, sin tener que responder a la imagen del pasado, sí que es una luminaria de lo que es Europa. I que ésta se esté planteando excluir a Grecia de su propia identidad, sumando los comportamientos de ciertos gobiernos con la ciudad helena, es una catástrofe (por emplear un término griego). Y sobre todo no se habla de algo, que es la situación de emergencia que se está viviendo en el país. La multitud habla de cifras, de deudas…pero hay gente pasando hambre, gente suicidándose. Yo creo que como Europeos, soportar eso, tener eso entre nosotros, es una vergüenza.

En Noviembre “La Piedra Oscura”, uno de los éxitos de la temporada pasada, se estrenará en Atenas. También fue a Londres y a Moscú. ¿Cómo reaccionó el público de esos lugares?

Ha sido una experiencia muy onda comprobar las distintas reacciones del público en esas tres ciudades. Realmente, el estreno fue en el Teatro Solís de Montevideo. Después fue a Moscú, a Londres y ahora va a Atenas con Madrid por medio.  Para mí fue muy onda e impactante la experiencia de Moscú porque ahí el tema de la homosexualidad, como sabemos todos, es un asunto muy complicado. La población homosexual está sufriendo, realmente, una persecución constante, un pogromo (por emplear un término que les es cercano). Íbamos con cierta cautela y ,a la postre, fue fascinante observar cómo de repente la obra que, quizá en España tiene unas connotaciones más conciliadoras o emocionales, para el público ruso era como un animal mucho más fiero. De repente, lo que estaba planteando la obra (el lugar del enemigo, quiénes son los otros…) conectaba con un país en el que el conflicto con Ucrania es casi una guerra civil soterrada. Añadiéndole el tema de la homosexualidad, se convertía en algo mucho más belicoso y amenazante. El público llegaba a impactarse tanto que se tapaba la boca de espanto.  Hubo gente que salió y gente que también se emocionó mucho de tener la oportunidad de poder ver una obra de esa temática en su país.

En Londres era el montaje español el que viajaba para allá, no como en Moscú que eran actores rusos.  También íbamos con la expectativa de ver cómo reaccionarían los ingleses. Sobre todo por el elemento local que tiene La Piedra Oscura, para mí era un buen laboratorio para ver la universalidad de la obra más allá del referente concreto histórico y los signos tan claros que establece con todos nosotros, los españoles. Funcionó muy bien, la gente de pie emocionada… Yo creo, que al final, La Piedra Oscura habla de un encuentro, de la necesidad de permanecer, de la memoria, del perdón…y eso es capaz de atravesar fronteras. Es muy hermoso y un lujo para un dramaturgo poder ver cómo respira cada público. Es verdad, que al final cada individuo es cada individuo más allá de la nacionalidad. Pero sí que hay algo común, en el horizonte colectivo de cada público, y ha sido una gran experiencia vivirlo.

Ahora también expectante en Atenas. Es verdad que la figura de Federico, creo yo, forma mucho más parte del imaginario cotidiano de los griegos que de los ingleses. Ellos además vivieron una guerra civil inmediatamente después de la nuestra y creo que la obra va a reverberar muy fuerte en Grecia.

Volviendo a la política… ¿Cómo crees que te ha influido este periodo de crisis económica como autor de teatro?

En primer lugar, creo que es imperante distinguir lo que es la política de lo que hacen nuestros políticos. Incluso, lo que es ahora la política es un término absolutamente desprestigiado y acosado. La gente lo asocia a lo que están haciendo los políticos y no a lo que es en verdad la política.  Korman dice algo, que yo siempre lo digo cuando me preguntan porque es un término muy claro: que el teatro tiene que ocupar un lugar intermedio entre lo poético y lo político. (Lo político como común, referente a la polis.) Es decir, que “todo teatro es un arte poelítico” dice Korman.  Yo creo que estamos en una situación de emergencia. Que la crisis es económica pero las consecuencias emocionales y culturales que ha originado son lo verdaderamente importante. Al final la economía se restablece pero la tragedia que deja atrás esa crisis es a lo que tenemos que atender.

En lo personal: Yo nunca he vivido del teatro. No tenía una seguridad que ha sido arramblada por la crisis. Pero creo que el teatro debe reaccionar de muchos modos y que todos son válidos. Hay cierto teatro de urgencia, que se ocupa de temas políticos, hay algo fugaz en ese teatro que me parece muy necesario que exista, que se abran esos espacios de expresión política en el teatro. Siempre desde el lugar propio del teatro, que no es el púlpito.

También creo que el teatro en época de crisis debe afianzarse  como trinchera de lo humano.  Es decir, que no hay que regatear en tiempos de crisis un teatro que sea un viaje poético, una experiencia emocional. Sólo por funcionar como una trinchera cultural, un lugar de encuentro, de reflexión, de diálogo… aunque no se ocupe claramente  de la política es un acto político. Yo creo que hay cierta resistencia que tiene que ver con la capacidad de compartir, de conmovernos. Al final uno acude al teatro con otros ciudadanos a un lugar a moverse juntos, moverse a la vez: eso es conmoverse. A mí me gusta pensar siempre en el teatro como algo que nos mueve a la vez. En tiempos en dónde todos los espacios de reflexión están asediados, creo que el teatro ha de permanecer intacto. No puede ser vencido por el vendaval de la ruina política. En suma, que entiendo que por un lado tiene que haber un teatro claramente político pero el teatro no puede dejar de perder su función como lugar de encuentro de una experiencia poética.

Por último, creo que lo más sangrante de todo lo que nos está ocurriendo es el IVA cultural. A mí me parece la medida más antipatriota que puede tener un gobierno. Un gobierno que, precisamente, se llena la boca de patria y de España. Un IVA cultural significa aplomo en las salas del espíritu de sus ciudadanos. Gravar de ese modo el acceso a la cultura es considerar que la cultura es peligrosa o innecesaria y, nítidamente, nos está hablando del miedo que le tienen ciertos sectores a que sus ciudadanos sean críticos y no sólo fuerzas de acción y de generar consumo. A veces nos centramos en lo que nos ha supuesto a los creadores el IVA cultural pero yo creo que es muy importante pensar lo que le ha supuesto al espectador. Aquel que sigue pagando una entrada para ir al teatro. Ese ciudadano o ciudadana son dignos de admiración. Porque eso también es un acto  de resistencia. Insistimos en las consecuencias del IVA cultural para los espectadores: Aquellos, por ejemplo, que no van a un teatro deseando ir a un teatro. Yo creo que el gobierno que venga, sea cual sea,  una de las primeras cosas que tiene que hacer es arreglar esta absoluta fechoría y tropelía que ha cometido el gobierno actual.

¿Cómo un dramaturgo intenta adaptarse a esas circunstancias? Sobre todo, remarcando la creatividad que un creador debe tener para imaginar sus obras en un lugar u otro.

Yo creo que todos los autores que escribimos para el teatro hemos asumido de un modo más o menos implícito que si yo escribo una obra de seis, siete u ocho personajes estoy condenándola a un cajón.  A veces, que te den unas reglas de juego tan claras y reducidas es un disparador creativo. Pero, por otro lado, me parece muy peligroso hablar de la explosión del Off, hablar de una época de apogeo de la dramaturgia española… Yo creo que si eso es así no es por la crisis es pese a la crisis.  A veces hay un discurso que es muy muy peligroso de “si en situación de crisis están haciendo estas cosas y hay una eclosión, ¿para qué van a reclamar más recursos o más espacios?”  NO.  Yo estoy aquí sentado contigo porque estudié en una escuela pública que me permitió llegar a un instituto, que me permitió estudiar en la RESAD becado…

Me he formado en la escuela pública y en las enseñanzas artísticas públicas y de calidad. Esto es lo que está siendo ahora amenazado y cada vez que tenemos un discurso de “pese a la crisis”  o “la crisis incentiva la creación” yo digo: ¡cuidado! En la crisis uno se esfuerza por seguir siendo pero proclamar “la crisis como motor” me parece un discurso muy peligroso.  El padecimiento o la estrechez del país, no creo que pueda ser bendecido por sus frutos artísticos. Me parece que lo importante es saber cómo se está tratando a la ciudadanía, qué está soportando la ciudadanía…Y yo, por ejemplo, soy un hijo de la educación pública y no estaría aquí sentado ni jamás hubiese escrito un texto si no hubiera sido porque yo crecí en un país donde el hijo de un electricista podía tener una beca para estudiar la carrera que quería, ya que no tenía recursos. Ahí es dónde debemos poner la luz. SI la ponemos en los titulares de “apogeo del Off” o  “Apogeo de la dramaturgia” puede que sea más el canto del cisne que el apogeo.

Si entendemos al dramaturgo como a un visionario que se percata de aquello que los demás no ven, ¿crees que el público se ha dado cuenta de tu mirada y que a eso se debe el éxito de “La Piedra Oscura”?

Lo que ha pasado con “La Piedra Oscura” es excepcional. Des luego ha sido un aluvión de emoción, de comentarios de parte de los espectadores… Es muy difícil que se dé esto para un dramaturgo con esta escala y con este casi estruendo emocional. Yo no puedo más que dar gracias por lo que ha ocurrido con “La Piedra Oscura”.

Gran parte de la responsabilidad de lo que ha pasado con la pieza tiene que ver con todo el equipo de La Piedra Oscura: el director Pablo Messiez, con los actores Daniel Grao y Nacho Sánchez, con la escenografía de Elisa Sanz,  con todo el equipo de LAZONA, trabajadores del Centro Dramático Nacional, la gente de Antígona que publicó el texto… Quiero decir con esto que el éxito de “La Piedra Oscura” es colectivo. Me siento muy agradecido como dramaturgo porque eso haya podido ser, pero “La Piedra Oscura” ha funcionado por toda la gente que ha creído en ella.

"La Piedra Oscura"

Te decía antes que el oficio de dramaturgo es oficio de invisibilidad. De repente, esto me ha facilitado llegar a un público que no me conocía. Algo se empezaba a mover con Cliff y yo llevo escribiendo teatro desde los dieciocho años…Pero es verdad que cuando se da ese encuentro con el público, sirve para abrir espitas. Creo que la gente ahora (creo, porque todo en el teatro es muy frágil) ha recibido con mucho cariño lo que estoy haciendo, se ha asomado a lo que había escrito antes y está interesado con lo que voy a escribir después.

Me siento muy agradecido y, por otro lado, intentando responder sin expectativa a eso. Es decir, que eso no haga interferencia porque sigo escribiendo desde el lugar de donde escribía antes de lo que ha ocurrido con “La Piedra Oscura”. Con las mismas dudas, la misma incertidumbre y sin saber cuándo voy a poder volver a estrenar. Pero, obviamente, no puedo más que dar las gracias por lo que ha ocurrido. Que se vendiera todo casi antes del estreno, que volviendo el 18 de Septiembre haya once días agotados… Es algo excepcional y me doy cuenta que lo es agradeciéndolo pero sin querer responder a esa interferencia.

¿Por qué Lorca?

Un solo verso de Lorca, una sola línea de una entrevista, una carta o una sola intervención de su teatro es suficiente para explicar qué necesidad tenemos de Lorca. Yo creo que como país tenemos necesidad continua de Federico García Lorca. Su vida es una lección muy importante para nosotros. Una lección de alegría, de ganas de vivir, de lo mejor que puede dar este país y desgraciadamente con su muerte, de lo peor que puede hacer.

Para mí, ejerce un magisterio, desde la adolescencia, muy fuerte. El teatro de Federico García Lorca es el primero que yo leí. La Piedra Oscura, en parte, es responder a una deuda infinita. Realmente es nada porque jamás podré agradecer a Federico García Lorca lo que ha hecho por mí y lo que sigue haciendo por mí.

Yo creo que Federico es una luminaria muy importante para todos nosotros y si algo ha contribuido La Piedra Oscura en que la memoria de Federico y de su generación siga vigente entre nosotros, para mí eso ya es más que suficiente. Por supuesto, que no le hace falta a Federico que yo diga nada de él pero creo que sólo su nombre, sólo decir Federico, da la respuesta a tu pregunta porque es una fuente infinita de luz y de belleza. Yo creo que este país tiene que tener a Federico como un faro y que nos va a ir mejor en nuestro rumbo si no lo olvidamos.

Si Alberto Conejero fuera el alter ego de uno los personajes de “La Piedra Oscura” sería…

Sebastían, sin dudarlo. Eso me lo dijo la traductora griega, María Jadsimanuil, cuando acabó de ver la función. Hay algo de la vivencia de ese muchacho de pueblo, como yo… Esto es tremendo porque realmente estoy contando cosas que no había dicho hasta ahora. Hay muchas cosas en el personaje de Sebastián muy íntimas y, al final, ese asombro y fascinación por el teatro de un chaval de dieciséis años es, en parte, un juego de espejos con lo que me estaba pasando a mí con Federico García Lorca. Cuando él habla de los billares, de su deseo de ser músico, de su madre…son para mí fantasmas muy íntimos.

Sin duda Sebastián. Sebastián es el que no existía antes de mí. O sea, que de otro lugar no ha salido más que de mí. Por eso, si yo tuviera que decir en dónde estoy más presente, diría Sebastián sin dudarlo.

[Podéis ver la entrevista completa aquí]

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