A la espera de lo que nos deparen los últimos días de la competición, las últimas películas presentadas han elevado considerablemente el nivel medio de la competición. La película de animación ‘Anomalisa’ de Charlie Kaufman y Duke Johnson es una de las favoritas para llevarse el León de Oro para parte de la crítica que cubre el festival. Y tanto la israelí ‘Rabin, The Last Day’ de Amos Gitai, como la turca ‘Abluka (Frenzy)” de Emin Alper están entre lo mejor de lo visto estos días en Venecia. Sólo el italiano Marco Bellochio ha decepcionado con “Sangue del mío sangue”

El norteamericano Charlie Kaufman, director de ‘Synecdoche, New York’ y guionista de ‘Olvídate de mí’, ‘Adaptation. El ladrón de orquídeas’ y ‘Cómo ser John Malkovich’, acompañado de Duke Johnson han presentado Anomalisa’, la única película de animación, en particular con la técnica de stop-motion, que concursa en esta edición del Festival de Venecia. Y desde ya se ha situado entre las favoritas para figurar en el palmarés.

Cuenta el encuentro en un hotel de negocios de Cincinnati entre Michael Stone, autor de un libro de éxito sobre las claves para tener un buen servicio al cliente telefónico que llega a la ciudad para impartir una conferencia, y Lisa Hesselman, fan de Michael y responsable de un servicio de este tipo de una empresa de Ohio.

Anomalisa

Con un surrealismo siempre presente, pero de forma mucho más atenuada que en trabajos anteriores de Kaufman, un finas pinceladas del humor negro y gran sensibilidad y brillantez, el director norteamericano transmite el hastío y el aburrimiento de su protagonista, el romanticismo del encuentro y su intimidad. Momentos llenos de realidad y de ternura, de emoción verdadera, con atención al detalle y sin necesidad de subrayados que hacen de ‘Anomalisa’ una de las grandes películas que hemos podido ver en el festival.

David Thewlis, Jennifer Jason Leigh y Tom Noonan son los encargados de poner voz a los personajes, en este caso de forma desconcertante e insólita, pero convertido en original y sugerente recurso narrativo. No en vano, los protagonistas son profesionales de la voz.

Cuando la Mostra anunció su programación de esta edición, los 153 minutos de Rabin, The Last Day, la nueva película del israelí Amos Gitai, en torno al asesinato del primer ministro de su país Yitzhak Rabin en noviembre de 1994 daban miedo a más de uno.

Y sin embargo, esta combinación de imágenes de archivo, testimonios reales (Shimon Peres y su viuda) y recreaciones de declaraciones del asesino, de testigos directos del atentado, de las sesiones de la comisión formada para la investigación del asesinato o de reuniones sobre todo, de sus enemigos políticos se ha situado en las primeras posiciones de las preferencias de gran parte de la crítica. Un artefacto fílmico sencillo, pero directo y claro que consigue transmitir la visión de Gitai de los hechos que llevaron al atentado contra la vida de Rabin.

Rabin, The Last Day

Gitai, todo un habitual del festival veneciano, deja bien claro desde el principio que su objetivo es hacer un homenaje al mandatario israelí, premio Nobel de Paz de 1994, y hacer su ajuste de cuentas particular con la derecha más reaccionaria e intransigente que se encargó de caldear el ambiente por los acuerdos de paz de Oslo y en especial, con el primer ministro actual Netanyahu. Un film con clara carga política, tremendamente personal a pesar de estar basado en hechos y datos objetivos y con un final nostálgico y pesimista.

Ya antes de presentarse en la Mostra, la turca ‘Abluka (Frenzy) de Emin Alper figuraba entre las favoritas de las casas de apuestas para llevarse algún premio de esta edición. Ambientada en un Estambul invadido por la violencia y el caos y en el que la amenaza terrorista es latente, narra la historia de dos hermanos: Kadir acaba de salir de la cárcel tras 20 años en prisión y los términos de su libertad condicional le obligan a trabajar rebuscando en la basura posibles restos de materiales utilizados para la fabricación de explosivos caseros y Ahmet, al que acaba de abandonar su mujer llevándose además a sus hijos, se dedica a buscar y matar a tiro de escopeta perros callejeros.

Abluka (frenzy)

Esta situación de acecho y de búsqueda incesante del enemigo, los lleva a una situación de recelo y sospecha continua que deriva en la esquizofrenia y la paranoia, representada por Alper en un hábil juego entre realidad y alucinación, en el que consigue que el espectador nunca esté seguro si lo que está viendo representa la realidad o es fruto de la imaginación/alienación de sus protagonistas.

Además, Alper apoyándose en que la película está ambientada en un Estambul indefinido en el tiempo y entre la realidad y la pesadilla, logra hacer extensibles esa esquizofrenia y paranoia a toda la sociedad que de una u otra manera se siente amenazada en un hábil juego de referencias entre realidad y ficción.

Magníficamente interpretada por su dos intérpretes protagonistas y con un director que demuestra gran dominio de la narrativa no sería de extrañar que esta película figurara en el palmarés de la Mostra.

Marco Bellochio es uno de los directores de referencia del cine italiano y toda una presencia en la Mostra de Venecia. Sangue del mio sangue es su sexta película en la máxima competición veneciana y en 2012 el festival le otorgó el León de Oro por toda su carrera.

Sangue del mio sangue’ se trata de un proyecto tremendamente personal y cercano, rodado junto con el equipo artístico y técnico que forma parte de su troupe habitual (entre ellos dos hijos y un hermano) en Bobbio, la población en la que rodó su primera película hace 50 años y en la que todos los veranos realiza un taller para jóvenes actores. Quizá se deba a esto que se trata uno de sus proyectos más viscerales y con apariencia de menos elaborados. Una película llena de aristas y de irregularidades, en la que no todas las piezas encajan, pero también con algunos momentos brillantes.

Marco Bellochio

El film arranca en el siglo XVII con una historia de religión y honor, posesiones diabólicas, caballeros y curas con problemas en una atmósfera que recuerda al cine de vampiros y en la que suena una extraña versión coral del ‘Nothing else matters’ de Metallica. Pero rápidamente la historia salta a la actualidad, al Bobbio contemporáneo al que llega un filántropo ruso con ganas de comprar la prisión para convertirla en no sabe muy bien qué. El objetivo de Bellochio es establecer los paralelismos entre aquel Bobbio del pasado lleno de intransigencia religiosa y malas artes con el actual donde los personajillos y los pícaros campan a sus anchas. Pero a pesar de algunos momento realmente logrados (la conversación entre el conde y el dentista, por ejemplo) hay algo en ese juego que no acaba de funcionar.

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