Llegó el día de uno de los platos fuertes de la competición, ‘Youth’ de Paolo Sorrentino. Y como era de esperar la división de opiniones ha sido radical. De la obra maestra a la tomadora de pelo. Valerie Donzelli parece confirmar con el desastre de ‘Marguerite et Julien’ que lo de ‘Declaración de guerra debió de ser un accidente. También se han presentado lo nuevo de Apichatpong Weerasethakul, Brillante Mendoza y Kiyoshi Kurosawa en Un Certain Regard y las películas de Jeremy Saulnier y de Miguel Gomes, la monumental ‘Arabian Nights’ en la Quincena de Realizadores.

Era previsible. Lo nuevo del director de ‘La gran belleza’ iba a generar división de opiniones. A estas alturas, el director de Nápoles se ha convertido en una especie de agregador de odios y fobias por parte de la crítica cinematográfica y el estreno mundial de Youth, como era de esperar, ha sido recibido con aplausos y abucheos.

En esta ocasión Paolo Sorrentino abandona las calles de Roma y se va a un hotel balneario de los Alpes suizos donde descansan Fred, un director de orquesta retirado interpretado por Michael Caine al que acompaña Lena, su hija y asistente (Rachel Weisz) y Mick, un director aún en activo que prepara el guión de su nueva película acompañado de un grupo de jóvenes colaboradores. Ambos son amigos desde hace años y ahora que se acercan a los 80 deciden pasar unos días juntos mientras reflexionan (o algo así) sobre la vida que les queda por delante.

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Y digo ‘o algo así’ porque los diálogos y las reflexiones que plantean ambos protagonistas son tan resultones, como tópicos y planos. Es indudable que es un placer asistir al juego de réplicas y contrarréplicas de ambos intérpretes, sus chanzas, su complicidad y su camaradería, pero sobran lugares comunes y faltan ideas de verdadero calado.

Sorrentino mantiene su estilo recargado, visualmente deslumbrante, con esos insertos musicales marca de la casa (aunque sea a veces a costa de convertir a Mark Kozelek en mero acompañamiento musical), hace bello y atractivo el entorno que rodea a los personajes, pero al servicio de la superficialidad y de una levedad que no concuerda con los personajes y su situación. En ‘Youth’ hay algunos momentos brillantes, pero a menudo sus metáforas y sus símbolos resultan demasiado básicos y simples aunque se ofrezcan en un envoltorio lujoso.

Con Marguerite et Juliende Valérie Donzelli se confirma que éste no está siendo un buen año para las películas francesas en competición, aunque Thierry Frémaux anunciara lo contrario en la rueda de prensa de presentación de la programación de esta edición. A la espera de ‘Deephan’ de Jacques Audiard, la cosecha de este año de cine galo en la competición de Cannes es muy decepcionante. Y ‘Marguerite et Julien’, lo último de la directora de ‘Declaración de Guerra’ es la peor película de todas.

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Con un guión escrito por la propia Valérie Donzelli y su colaborador habitual, protagonista y acompañante, Jerémie Elkaïm, a partir de una idea y guión de Jean Gruault, a su vez colaborador de François Truffaut, la película cuenta la enfermiza relación entre dos hermanos cuyo amor fraternal, evoluciona hacia pasión amorosa en la juventud con el consiguiente escándalo que el hecho provoca.

Donzelli convierte la historia en un cuento que una niñas que se cuentan entre ellas, permitiéndose así tirar del punto de vista subjetivo desde el que enfocar la historia, pero este hecho no justifica sus excesos formales, en la puesta en escena, el montaje o la dirección o sus anacronismos. En su intento de hacer algo supuestamente original, innovador y rompedor, acaba resultando grotesco y lo que debería ser arrebatadoramente romántico e inquietante se queda en ridículo.

Otras secciones, en breve

Tres de las películas más esperadas de Un Certain Regard están dirigidas por directores asiáticos. Por un lado, Cemetery of Splendourdel tailandés Apichatpong Weerasethakul que con su anterior película ‘Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas’ se llevó la Palma de Oro de 2010. En esta ocasión la acción, si se puede hablar de acción en una película de este director, transcurre en un antiguo colegio convertido en hospital en el que ingresan a soldados con una extraña enfermedad del sueño y sus alrededores. A este hospital acuden médiums, voluntarios y los espíritus de aquéllos que ocuparon los terrenos en los que está construido. Como es habitual en Apichatpong, presente y pasado, la realidad y el mundo espiritual se unen y se complementan en las dos dimensiones de la pantalla de forma sosegada y abstracta, dando lugar a algunos momentos realmente inspirados, si bien en algunas secuencias la capacidad de sugerencia de ‘Cemetery of Splendour’ queda limitada por cierta sobreexplicación.

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Otro ilustre premiado en ediciones anteriores del festival es el filipino Brillante Mendoza que ha presentado Taklub, su crónica de los días posteriores al tifón Hayan que devastó la ciudad de Tacloban en Filipinas. Historia de resistencia, de solidaridad, de capacidad de lucha y de supervivencia, ‘Taklub’ funciona mucho mejor cuando Mendoza asume la función de ser testigo de lo que ocurre, del esfuerzo y de la crítica al sistema y a la burocracia que cuando opta por el plano corto, el tono más íntimo y el melodrama personal. Mendoza mantiene su estilo basado en tomas muy largas y juega con las lentes para captar imágenes tan bellas como poderosas.

El tercer asiático de renombre que ha presentado su película en Un Certain Regard es Kiyoshi Kurosawa con ‘Journey to the Shore, una road movie sobre un marido que a los tres años de haber muerto vuelve a casa para resolver sus asignaturas pendientes. A pesar de su planteamiento sugerente, la película acaba lastrada por su linealidad y su superficialidad, a medio camino entre el folletín de sobremesa y una historia de fantasmas.

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Hace dos años Jeremy Saulnier con ‘Blue Ruin’ se reveló como uno de los nombres a seguir en el cine independiente americano. Con Green Room, un thriller con aires de Peckinpah, presentada en esta edición de la Quincena de Realizadores confirma lo apuntado en 2013. Violencia, gore, humor y un pulso firme que atrapa. Pocos dólares, pero muchas ideas para contar la fuga del infierno de un grupo de rock punk que acaba en un peligroso nido de neonazis.

Y para finalizar la crónica del hoy, Arabian Nights del portugués Miguel Gomes (‘Tabú’), una de las películas que marcará esta edición de la Quincena de Realizadores y de todo el festival. Con una duración total de seis horas y media, proyectada en 3 partes o volúmenes (llamados El inquieto, El desolado y El encantado) como les ha llamado su autor, suponen una obra monumental, un análisis lúcido y a la vez divertido de la crisis de Portugal y un ejercicio de cine original, libre y terriblemente creativo. ‘Arabian Nights’ toma prestada la estructura de los cuentos de Sheherezade para presentar diversos hechos ocurridos en Portugal entre el verano de 2013 y el de 2014 en una mezcla única de documental, ficción y fantasía pura a base de avispas asesinas, la troika, gallos cantarines, juicios imposibles, las mil y una noches, una china enamorada del hombre equivocado y amaestradores de pinzones, y confirma a Miguel Gomes como uno de los mejores contadores de historias del cine actual. Una joya inclasificable y única.

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