Regreso a Ítaca
6Nota Final

El realizador francés Laurent Cantet, ganador de una Palma de Oro en Cannes por “Entre les murs” (2008), indaga en la desilusión de toda una generación de cubanos educados en la Revolución con “Regreso a Ítaca”, basada en “La novela de mi vida” de Leonardo Padura y con guión de ambos.

Una terraza desde la que se ve La Habana. La puesta de sol. Cinco amigos se han reunido para celebrar el regreso de Amadeo después de 16 años de exilio en Madrid. Desde el crepúsculo al amanecer, recuerdan su juventud, la pandilla que habían formado, su fe en el futuro… y la decepción del presente.

La cinta, espejo de aquella juventud que Padura califica como “generación perdida” nos presenta a cinco amigos, antes artistas soñadores, hoy doblegados y conformistas rebeldes que tras el regreso a la isla de Amadeo (Néstor Jiménez) se reúnen en la terraza de Aldo (Pedro Julio Díaz Ferran) ingeniero resignado a trabajar en una fábrica de baterías. Completan el quinteto: Tania (Isabel Santos), que malvive con su sueldo de oftalmóloga y con lo que le envían sus hijos desde Miami, Eddy (Jorge Perugorría) el único que ocupa un puesto en el “aparato” y Rafa (Fernando Hechavarria) prometedor pintor en el pasado que hoy sobrevive vendiendo láminas a los turistas.

Regreso a ïtaca

Esta generación creció, vivió y se involucró en la Revolución, sin embargo, cuando tuvieron edad para llegar a puestos de responsabilidad coincidió con el final de la URSS y con el bloqueo norteamericano, comenzando el llamado “periodo especial”, entonces entendieron que no podrían desempeñar jamás ningún papel importante y perdieron todo compromiso e ilusión.

El film relata estas desilusiones, traiciones, compromisos…secretos. Habla del miedo; un miedo que impidió a unos pintar, a otros escribir… e incluso, a vivir. Ese miedo que Amadeo, regresando del exilio, ha logrado superar, hecho éste que constituye uno de los pocos mensajes optimistas de la película.

El relato, pese a no rozar la sensiblería, por momentos se torna farragoso. Las historias personales de los protagonistas se toman toda la película para ser construidas, pudiendo agotar al espectador medio. Sin embargo el retrato general de esa “generación perdida” así como de la realidad socio-económico actual de la isla merecen su atento visionado.

Una película ideológica y política. Sensible y humana, que habla de las ansias de felicidad, del amor por el prójimo, del conformismo y de la lealtad.

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