La fiesta de despedida
6Nota Final

Se llevó la Espiga de Oro de la 59ª Semana Internacional de Cine (Semenci) de Valladolid, dónde también premiaron a dos de sus protagonistas, Levana Finkelstein y Aliza Rosen. Ahora se estrena en salas. Dirigida por la pareja de directores y guionistas Sharon Maymon y Tal Granit, “La fiesta de despedida” tiene además otros méritos, la valentía en tratar un tema como la eutanasia con sentido del humor, y que desde Israel, haya conseguido colarse en carteleras de todo el mundo.

La trama se centra en un grupo de amigos de una residencia de Jerusalem que construyen una máquina para ayudar a morir a un amigo enfermo terminal. Pronto se corre la voz y a ellos acuden otros ancianos necesitados de la solución definitiva que ofrece la maquinita.

Un tema muy espinoso tratado ya, con más o menos acierto, en otras películas, pero con la novedad de esa voluntad por parte de sus creadores de rebajar el dramatismo con la incorporación de elementos absurdos y cómicos, tratando de hacer más accesible el tema al gran público y deseando que las carcajadas alivien las lágrimas de los momentos más duros del film.

Pero por muy valientes y por mucha voluntad que hayan puesto Maymon y Granit en su película (y por muchas menciones y premios que por este motivo se han llevado), el resultado no acaba de ser convincente. Demasiada corrección, tanto en el fondo como en la forma.

Fotograma de "La Fiesta de Despedida"

El problema se encuentra principalmente en un guión que no ha sabido encontrar ese ansiado tono cómico, limitándose a incluir algunos gags poco desarrollados, sin sintonía alguna con el desarrollo de la trama, y que, para más inri, deja colgadas algunas subtramas introducidas en la primera mitad de la película que darían mucho juego en la historia. Subtramas que desarrolladas nos permitirían conectar con unos personajes que acaban siendo planos, y con personajes planos no hay tampoco drama que valga. Ni la buena colección de veteranas actuaciones, ni los momentos más cómicos de la película, consiguen que ni empaticemos con ellos ni que dejemos de sentir una penosa sensación de tristeza durante prácticamente todo el metraje.

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