La Historia de Marie Heurtin
8Nota Final

Sorda y ciega. Así nació Marie Heurtin. Y en siglo XIX eso te convierte en un bicho raro, en un ser incomunicado que no tiene más remedio que vivir según su instinto, de forma salvaje.

El cineasta francés Jean-Pierre Améris, se fija en la historia relativamente desconocida de esta muchacha, para llenar la pantalla de emociones no verbalizadas. Incapaces de comunicarse con Marie, sus padres la llevan a las monjas del Instituto Larnay (en Poiters, Francia), especializado en la educación de niñas sordomudas. Aunque su caso se escapa de lo común, y en el instituto se ven incapaces de hacerle frente. Por suerte, la hermana Marguerite, como en una especie de revelación, siente que su destino es ayudar a Marie, y así lo hace. Juntas inician un duro viaje de fe y aprendizaje.

Aunque a priori la historia que nos presenta Améris puede asustar (con esa premisa de ver una monja civilizando a una niña con la ayuda de Dios), el visionado de “La Historia de Marie Heurtin” no puede ser más gratificante. Y ya no es el hecho de mostrar que no sólo la fe mueve montañas, sino que además nos permite sentir el cine y emocionarnos con él. Del mismo modo que Marie Heurtin descubre todo un nuevo mundo ajeno a su silencio y oscuridad, como espectadores, nosotros descubriremos su historia, sintiendo con ella y sorprendiéndonos haciéndolo. Sentiremos cada plano de la película, con ese lenguaje visual reforzado por el gusto por el detalle y la fotografía de Virginie Saint-Martin. Sentiremos también esa vinculación tan especial que se crea entre institutriz y pupila, verdadero leitmotiv de la trama. Un vínculo que evoluciona retroalimentándose y haciéndose cada vez más fuerte. Y, sin duda, no podremos dejar de sentir fascinación por esa comunicación palpable que surge entre ambas.

Fotograma de "La Historia de Marie Heurtin"

La aportación la pareja de actrices protagonista es inmejorable. Ariana Rivoire (sorda en la vida real) se mete de lleno en la piel de la joven Marie Heurtin, con una interpretación casi tan buena como la de la magnífica Isabelle Carré en el papel de la Hermana Marguerite.

95 minutos de metraje que le bastan y le sobran a Jean-Pierre Améris para hacernos emocionar, dilucidar y incluso sonreír. Muchos deberían aprender.

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