A pesar de que no había muchas personas antes de empezar el concierto, las ganas de que apareciesen sobre el escenario eran de todo menos escasas. Mientras en la sala Caracol se preparaba para el momento cumbre del día, la sala se iba llenando y una cortina se presentaba en frente del escenario, similar a las que podían encontrarse en una sala de cine antigua. El público podía ver unas imágenes sobre la misma que formaban triángulos, cuadrados e incluso ruedas superpuestas con una música suave y casi tétrica. Se expuso estas imágenes y melodía en bucle hasta que, de repente, la imagen cambió a una constelación azulada a la que la rodeaba un marco rojo y con imágenes circulares. El cambio de panorama significaba, como no, que estaba a punto de comenzar el concierto.

Al abrirse las cortinas, la escena no podía ser más sencilla. Nadie sobre el escenario más que los instrumentos, el nombre del grupo (muy elaborado) al fondo, y la batería sobre una plataforma más elevada. Unos segundos más tarde, aparecieron en escena Aleksi, Henri, Samu, Sami, Samuli, Mikael y Mathias (en este orden) con la intro “Vindfärd” de su disco Nattfödd. NO podía ser de otra manera, aparecieron en escena con sus características orejas puntiagudas, que ya son su sello distintivo. Mención aparte merece su guitarrista Samuli, que fue el único que apareció con una gorra que le tapaba la cabeza.

Al ser el 10º aniversario de este álbum, como es lógico, empezaron tocando las canciones aparecidas en éste. En la primera parte del concierto, interpretaron los temas por orden de aparición en este disco: Comenzaron con “Människopesten”, y siguieron con “Eliytres”, “Fiskarens Fiende”, “Trollhammaren”, “Nattfödd”, “Ursvamp”, “Marknadsvisan”, “Det Iskalla Trollblod” y finalizaron con “Grottans Barn”.

Hubo unos pequeños problemas de sonido al comienzo de “Människopesten”, que no permitieron escuchar bien a Mathias al principio, completamente silenciado por sus compañeros de grupo, pero fue un problema que se solucionó pronto. Sorprendió también el público, normalmente muy animado en sus conciertos, que durante las primeras canciones se presentó muy calmado, casi sin vida. Por suerte, a partir de la famosa “Trollhammaren”, el público pareció despertar poco a poco de su letargo; y avanzar muy lenta, pero progresivamente, hacia lo que suele ser un concierto de Finntroll, mosh y mucho baile. Esta diferencia se notó, sobretodo, a la hora de pasar a la segunda parte del concierto, en la que interpretaron temas del resto de sus discos.

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Tras finalizar una primera parte un poco decadente, la segunda fue todo un cambio. Mathias mencionó “Vamos a pasar a algo diferente”, y tras un corto parón, cambiaron del estilo más lento de sus primeros álbumes a la energía de los últimos, empezando con una canción de su último disco, homónimo a ésta. Volvieron a la carga con “Blodsvept”. En este momento, el despertar fue un hecho para todos los presentes. La gente bailaba, saltaba, y se apelotonaba para estar cerca del escenario. Siguieron con “Mordminnen”, y en “Solsagan”, no había una sola persona en la sala que no se estuviera quieta. Prosiguieron con “Midnattens Widunder”, “Svatberg”, “När Jättar Marschera”, “Nedgäng”, “Slaget vid blodsäld” y finalizaron esta parte con “Jaktens tid”. Supieron combinar bien las canciones más duras con las más enérgicas, creando un equilibrio en el que se desenvolvieron bien. Por fin, los esfuerzos del cantante dieron sus frutos y consiguieron que el público se moviera y pasara un buen rato. Tras esto, se fueron del escenario, aunque, obviamente no era su marcha definitiva.

Tras esperar un rato para los bises (el público volvió a asumir el inmovilismo y silencio del comienzo del concierto hasta que, al ver que el grupo tardaba en salir, unos pocos comenzaron a corear el nombre del grupo), reaparecieron para interpretar “Skogsdotter”, el single de su último disco “Häxbrygd” y la canción con más fuerza de toda la trayectoria del grupo, “Under bergets rot”. De nuevo, la energía barrió la sala y se trasladó a cada persona que se encontraba en ella. La complicidad entre los finlandeses y su público que se recordaba del anterior concierto de 2013 volvió a hacerse patente hasta el último minuto de la actuación (a pesar de la resistencia a dejarse llevar de los espectadores). Fue un final satisfactorio para un concierto largo y de comienzo accidentado.

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