Negociador
7Nota Final

Borja Cobeaga, director de “Pagafantas” y “No controles” y co-guionista de “8 apellidos vascos”, regresa con nueva comedia, “Negociador”, un relato propio inspirado en las negociaciones mantenidas durante los años 2005 y 2006 entre el presidente del Partido Socialista de Euskadi (Jesús Eguiguren) y el representante de la banda terrorista ETA.

Pero que nadie se equivoque, los que busquen una comedia en estado puro que eviten “Negociador”, un cambio de registro en la carrera de Cobeaga que le da una vuelta de tuerca al drama con un sentido del humor alejado de los gags a los que nos tenía acostumbrados, y rodeado de una extraña y pesada atmósfera, en la que los silencios, los tiempos muertos y una minimalista puesta en escena adquieren especial relevancia. Llevándonos a hoteles asépticos en tierras de nadie llenos de personajes perturbados ante situaciones que les sobrepasan. Cobeaga consigue el tono óptimo para su historia, huyendo de la trascendencia o tragedia a la que nos tiene acostumbrados, no sin razón, el cine español cuando se trata de hablar de ETA.

Cobeaga asegura que empezó a escribir “Negociador” como algo personal, sin intención de llevar el texto a pantalla, pero el resultado le gustó tanto que no pudo resistirse. Enamorado de sí mismo y sacando pecho, así sí se entiende su valentía a la hora de tratar un tema tan peliagudo. “Algunos se reirán, mientras que a otros les parecerá una película tremebunda por el tema que trata”.

Ramón Barea, Secun de la Rosa i Carlos Areces a "Negociador"

Pese al alarde de valentía y estilo de Cobeaga, el ritmo lento de la película hace de sus últimos minutos un falso arranque, y nos deja con ganas de más, algo bueno en parte, pero que tiene mucho de frustrante. Cómo también lo es que con un reparto lleno de grandes nombres e interpretaciones, nos de la sensación de que Carlos Areces es de lo mejor de la película, llegado para ponerle salsa al asunto, pero sin que nos de tiempo a penas de mojar pan. Aún así, su cercano protagonista, interpretado de forma magistral por Ramón Barea, consigue empatizar con un público que vivirá con él su “Lost in Traslation” particular.

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