Un obús en el corazón
8Nota Final

Recurriendo a los miedos y obsesiones de la infancia, Wadji Mouawad vuelve a llenar los escenarios madrileños de emoción y espectadores. El autor libanés nos había dejado sin habla después de su bello y catalizador Seuls en el Centro Dramático Nacional y ahora, Hovik Keuchkerian da vida a sus palabras en el Teatro Alfil con Un obús en el corazón.

Un día de invierno, Wahab recibe la llamada de su hermano pidiéndole que vaya a ver a su madre al hospital porque está a punto de morir. Tras esta corta conversación (“Wahab, Mamá se muere, ven”) el héroe de la historia realizará el camino acompañado de recuerdos y miedos infantiles que parecen estar muy presentes en su yo adulto.

El recorrido de este viaje nos sumerge en la relación entre una madre y un hijo, que deja de reconocer a su progenitora desde su catorce cumpleaños. A partir de ese momento, se inicia el silencio en sus vidas. Su madre pasará a ser la mujer rubia y los lazos que podrían haber existido entre ellos desaparecen por completo. Hasta que Wahab no llega al hospital, no entenderá el porqué de ese distanciamiento materno-filial.

La puesta en escena es sencilla y austera, seguramente para darle el total protagonismo a Keuchkerian. Tanto que se echa en falta algún efecto sonoro que dinamice un poco la pieza dramática. Estoy bastante segura de que el director quería jugar con el simbolismo del silencio, puesto que veo que ha cuidado todos los detalles, pero me seguía faltando un poco más de dramatismo escénico. (No propongo un melodrama pero me figuro que los que vieron Seuls, que también era un monólogo, saben a lo que me refiero).

Obviamente esto es sólo mi opinión de espectadora frustrada porque muchos de mis compañeros de viaje acabaron llorando a moco tendido. A ellos no les hacía falta música, apreciaron las letras procedentes del Líbano y el cuerpo del humilde y versátil actor. No saben cómo los envidio…

 

Un obús en el corazón Teatro Álfil

Es increíble cómo los primeros años de vida pueden marcarnos tanto. Mouawad no se cansa de advertírnoslo. “Sólo un miedo de infancia puede acabar con otro miedo de infancia.” señala Wahab en alguna ocasión. La ingenuidad e imaginación se mezclan con los deberes del día a día de un adulto. El autor construye creencias y supersticiones en la mente de su protagonista que a los demás nos pueden parecer absurdas pero que él defiende a capa y espada por formar parte de su ser. Nuestro Wahab describe y teme a una mujer con brazos de madera que será crucial en el clímax de la función pero que es posible que obviemos su importancia por nuestro juez interno que nos determina como “personas adultas y serias”. Puede que debamos hacer más caso a nuestro niño interior, como dice Jan Svankmajer –y me permito invitarles a la exposición “Metamorfosis” que prepara la Casa Encendida- “Abandónate completamente a tus obsesiones. Al fin y al cabo no tienes nada mejor. Las obsesiones son legado de la infancia. Y es precisamente de los abismos de la infancia de donde provienen los tesoros más valiosos”.


Es pot veure a: Teatro Álfil
Text: Wajdi Mouawad
Intèrprets: Hovik Keuchkerian


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