Magia a la luz de la Luna
8Nota Final

Maltratada por la crítica norteamericana y pese a ser una película menor en la filmografía de Woody Allen, “Magia a la luz de la luna”, se nos presenta como una comedia romántica efectiva y amable. Con un “flemático-británico” Colin Firth, una Emma Stone radiante y cautivadora y un lujoso elenco de secundarios.

Años 20. Un exitoso mago inglés, reclamado por un viejo amigo, decide trasladarse a la costa francesa con la intención de poner en evidencia a una falsa vidente que tiene embaucados a un familia aristócrata y a su entorno más cercano. El encuentro del irritantemente escéptico Stanley con la espiritual Sophie desencadenará una serie de hechos mágicos que tambalearán los pilares del racional ilusionista.

Stanley Crawford (Colin Firth) es un reputado mago que, bajo el sobrenombre de Wei Ling Soo, triunfa en Europa con un espectáculo oriental de magia y escapismo. En su última actuación, en Berlín, recibe la visita de su viejo amigo Howard (Simon McBurney), mago también, que logrará convencerlo para ir a la Costa Azul y desenmascarar a una médium estadounidense, Sophie (Emma Stone) que con sus poderes psíquicos y su belleza se ha ganado, respectivamente, la confianza de una rica aristócrata y el corazón de su hijo.

Una vez en su destino enfrentará su escepticismo contra la fe que genera la “magia” que envuelve a Sophie y sus inexplicables actos. El mordaz y nihilista Stanley verá como se van desmoronando todos sus incuestionables principios y, por fin, encontrar la razón con la que abrazar la vida y por lo tanto, la magia a la luz de la luna.

Mágia a la luz de la luna

La cinta reúne todos los componentes de la fórmula alleniana: ambiente aristocrático; un protagonista neurótico, cínico y mordaz (álter ego de Allen por antonomasia) una joven que lo embauca con su belleza y encantos; secundarios locuaces y algún que otro personaje intelectualmente limitado (mención especial al hijo de la aristócrata, enamorado de Sophie y a la que dedica sentidas tonadas al ukelele). Diálogos vertiginosos, respuestas ocurrentes y sobre todo, mucho jazz.

Todo ello envuelto con deslumbrantes vistas de la Costa Azul, excusa para que el director de fotografía Darius Khondji componga una bella orgía multicolor con el azul del mar, el verde de los campos y los rayos de sol reflejándose en el rojizo cabello de Emma Stone.

No es “Blue Jasmine”, quizá se aproxime más a “Midnight in Paris” (por limitarnos a las más recientes) y no pasará por uno de sus mejores trabajos, aún así, se nos presenta una comedia entretenida, de sonrisas y no estruendosas carcajadas. Con una pareja de actores protagonistas que han sabido involucrarse en el universo Alleniano y quizá lo más importante, hará que nos cuestionemos si somos más felices cuanto más ignorantes somos.

Esperando que regrese, cinematográficamente, a Nueva York, el que subscribe, seguirá asistiendo puntual a la cita anual del de Brooklyn, caiga quien caiga.

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