Trash: Ladrones de esperanza
9.5Nota Final

A “Trash: Lladres d’esperança”, Stephen Daldry, el director de “Billy Elliot”, adapta una novela de Andy Mulligan para traernos un film trepidante i una aventura juvenil al más puro estilo “Slumdog Millionaire”

Tras una persecución policial el fugitivo arroja su cartera al vacío, cayendo a un camión de la basura y terminando en un enorme basurero a las afueras de Río del que malviven cientos de personas rebuscando. Ráphael y Gardo, dos “meninos” de catorce años la encuentran; dentro algunos billetes, documento de identidad, fotografías, cartón de lotería, una llave… Al poco se presenta la policía en un gran despliegue con intención de encontrarla, ofreciendo una recompensa por ella. Los niños, sospechando que pueda esconder algo más importante, con la ayuda de Rat (el Rata) emprenden la búsqueda del misterio que encierra. Perseguidos por la policía en una frenética carrera por conocer su secreto, los tres niños contarán con la ayuda de un sacerdote y una cooperante norteamericanos instalados en la ciudad- basurero.

Aunque ambientada en una favela de Río, no es un film naturalista al estilo de Ciudad de Dios. Recuerda más a la historia de los niños del basurero indio de “Slumdog Millionaire”. Comienza con un ritmo trepidante en una persecución y caza a un sujeto que huye, pero no es un thriller al uso. Porque “Ladrones de esperanza” es ante todo una novela de aventuras con todos los ingredientes del género: niños desentrañando un misterio, a la caza del tesoro., unos malvados persiguiéndolos, unos adultos en quienes se apoyan, un corazón noble, mucha aventura y ante todo mucha amistad. Un canto a la amistad, al compañerismo, a la lealtad, a la entrega y al compromiso con los tuyos en unos lazos de camaradería que se van estrechando según se complica la trama.

Trash: Ladrones de esperanza

Fácil identificarse con los protagonistas recordando aquellos héroes de libros juveniles de aventuras resolviendo misterios como aquella saga de “Los cinco” o ese género de “pillos”, i “galopines” que entroncan con los “Rinconete y Cortadillo” de Cervantes, el Manuel barojiano de la saga “La lucha por la vida” o el Oliver Twist de Dickens. Aunque yo siempre preferí a Huckelberry Finn , el inseparable amigo Tom Sawyer de Mark Twain.

Como aventura juvenil los personajes están muy marcados, sin profundizar en más complejidades internas adoleciendo de cierta inocencia perfectamente justificable en la propuesta. Sólo los momentos de los niños hablando a cámara bucean algo más en los mismos.

La maravillosa banda sonora compuesta por Antonio Pinto que junto a la música ambiente va acompañando los momentos más frenéticos o desesperados de los personajes, cuenta con una serie de estupendos temas cantados a golpe de rap, rock, brasileña…por donde se cuela el alma de éstos.

Muestra un canto a la felicidad, al vitalismo y libertad del que nada tiene y nada debe.
Como “superhéroes de barrio” de favela en este caso, los protagonistas corren, se enfrentan, trepan, saltan, reptan, dejan mensajes y se esconden, aparecen y desaparecen en sigilo, no están pero han estado…diseñan planes, huyen, sufren violencia, bailan, ríen, se la juegan, arriesgan, apuestan …

Aunque algunos momentos de la trama se resuelven de forma algo simple y adolece de cierta ingenuidad propia de novela de aventuras, ésta engancha y entretiene desde el principio animando al espectador a querer saber qué esconde esa cartera y qué secretos puede desvelar de personajes malvados que son capaces de corromper policías dispuestos a matar por ella.

Trash: Ladrones de esperanza

En toda una gimkana, un juego de pistas que lleva a los tres niños por distintos escenarios de Río de Janeiro, la amenaza y el peligro al que se enfrentan invita a parar y rendirse. Cobrar la recompensa, salvar la vida ¿Por qué seguir? Porque se trata de lo correcto, recuerda uno de los niños.

Y esa es la clave que una novela juvenil de aventuras llevada a la gran pantalla cobre una dimensión distinta y aunque no pierda ese carácter lo trascienda. Y permite dibujar formas y colores y caras. Y cambiar el foco de la basura, “trash”, y ponerlo no tanto en los desperdicios como en los “ladrones de esperanza”

Porque el escenario donde se desenvuelve sí es muy real. Ni las favelas, ni los miles de niños que como ratas rebuscan día tras día en la basura en tantas partes del globo son parte de una historia de aventuras. Son hirientemente reales. Porque la corrupción política e institucional están a la orden del día. Porque el abuso y la violencia policial al servicio de mafias corruptas que utilizan la política como instrumentos para su poder se siguen cobrando víctimas reales. Porque las palizas y las torturas siguen existiendo. Porque más de cuarenta estudiantes recientemente en México tampoco se detuvieron y pagaron por ello con su vida.
Porque rescatar los lazos que nos unen, apoyarse en la amistad, la entrega, el amor y la justicia no son solo de cuentos de aventuras. Y no dejarse comprar, vencer el miedo y enfrentarse si es necesario poniendo por encima la dignidad, la denuncia y la búsqueda de la verdad se hace imprescindible y en definitiva se trata de lo correcto.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ús de cookies

Aquest lloc web utilitza cookies per tal d'oferir la millor experiència d'usuari. Si continues navegant estàs donant el teu consentiment a l'acceptació de les mencionades cookies i de la nostra política política de cookies, fes click a l'enllaç per més informació.

ACEPTAR
Aviso de cookies
X