Interstellar: A favor
9Nota Final

Robert A. Heinlein fue el primer autor nombrado Gran Maestre de la Ciéncia-Ficción, uno de los Big Three del género junto a Asimov y Arthur C. Clarke, y también uno de los que se dedicaron a establecer una definición de lo que consideraba la ciéncia-ficción pura. Decía Heinlein que la ciéncia-ficción no es una vía para escapar a la realidad, sinó que su propósito es el de explorar las posibilidades que quedan por descubrir en el futuro de nuestra raza y explorarlas, a menudo con un valor terapéutico, planteando un problema humano creado o afectado pr nuevas condiciones.

No son pocas las películas que en plena era de la revolución audiovisual abrazan este espíritu de la ciéncia ficción, aunque estamos más acostumbrados a verla en su vertiente fantástica, super heróica, de acción o incluso de terror, donde el elemento de escapar a la realidad mediante el entretenimiento prima por encima de lo demás. Pero para su novena película, Christopher Nolan ha decidido ponerse a los mandos de una nave para explorar las posibilidades de aquella definición estricta que proclamaban los decanos del género en el papel aprovechando los recursos de la tecnología del cine.

Explicar de qué va ”Interstellar” no es complicado, pero por un lado es desaconsejable, ya que estamos ante uno de esos films a los que es mejor acercarse con cero predisposiciones, ideas preconcebidas o detalles conocidos de más. Y por otro, es complejo por la gran cantidad de temas que se abordan y que más vale que te vayan llegando en la sala de cine. Diré pues solo, siguiendo la definición de Heinlein que aquí la humanidad se encuentra enfrentada a unas nuevas condiciones (aunque no extrañas, pues tienen referentes históricos bien identificables) en forma de una tierra moribunda, asolada por terribles oleadas de polvo, con el suministro de alimentos en peligro y un sistema que ha obligado a redefinir los roles de las personas, y que el hombre se verá obligado a explorar sus opciones para perpetuar la raza humana.

Interstellar

Con este material entre manos, Nolan (o Nolans si incluimos a Jonathan como coparte en el guión) se agarran a la ambición y el atrevimiento como armas para exponer uno de sus refinados puzzles narrativos, convirtiendo el tiempo en una esfera y el espacio en un inmenso tapiz sobre el que desplegar una gran variedad de emociones humanas y dilemas filosófico-morales. Un atrevimiento que en lineas generales no cae en la pretenciosidad de querer adoctrinar ni dar más respuestas que preguntas plantea. Y que al final agradará más o menos al espectador en función del grado de conexión que cada uno establezca con los planteamientos que se exponen. Si se va al cine con este espíritu y la piel abierta, las emociones de la película pueden calar muy hondo, pues atacan directamente a lo que nos define como personas y como raza.

En la forma, Nolan rueda su epopeia humanista con grandeza visual, no confundida con belleza. Agujeros negros y planetas toman espectacular forma ante nuestros ojos a la vez que la tierra y la promesa del espacio se muestran en su dualidad, tant inmensos como terribles. Y lo hace con una atrevida apuesta por el realismo y la base científica dentro del terreno especulativo por el que nos hace navegar. El resultado es una recompensa para todos aquellos que aún creemos que especialmente algunas películas vale la pena verlas en el cine, y esta es una de ellas.

Para la banda sonora, Nolan y Hanz Zimmer se alejan de épicas musicales y optan por la electrónica, los sonidos insistentes y repetitivos para reforzar sensaciones en momentos clave. Pero, sobretodo, por un uso arrebatador de los silencios que absorben el aire de la trama apoderándose de escenas que muchos habrían llenado de fanfarrias y orquestras.

Interstellar

Los fans de una ciéncia-ficción como válvula de escape tienen más números para sentirse decepcionados. La parte intelectual y el drama encuentran su equilibrio, pero Nolan opta por reprimirse a la hora de plantear las escenas de acción como mero entretenimiento o con espíritu de cine de aventuras. “Interstellar” contiene escenas de acción, sí, pero incluso estas están al servicio del objetivo del film. Entre estas y un buen uso de las elípsis, un metraje de 165 minutos que puede parecer exagerado sobre el papel, aún deja la sensación de haber podido ser mucho más extenso.

En el diseño de personajes, Nolan, a quien en el pasado se ha acusado de poca capacidad de trazo en sus caracteres femeninos, empieza aquí a redimirse, no solo contando con dos grandes actrices como Anne Hathaway y Jessica Chastain sino cediéndoles a ellas las llaves que hacen avanzar la historia. Eso sin obviar el protagonismo de Matthew McConaughey, de quien ahora ya no nos sorprende su capacidad de registro, ni uno de los imprescindibles de Nolan: Michael Caine.

Ha conseguido Nolan llevar aquella definición de Heinlein a la forma de un blockbuster? Otra constante en sus películas es como utiliza algunos de los diálogos de sus personajes para hablar directamente al espectador. Aquí McConaughey proclama “somos exploradores, y esta es nuestra nave”. Con todo lo que esta afirmación comporta de atrevimiento y destino incierto, ciertamente, Nolan es un explorador, y “Interstellar” es su nave.

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