Tip top
6Nota Final

Este viernes se estrena en salas el cuarto y último largometraje del realizador francés Serge Bozon, “Tip Top”, adaptación de la novela homónima del galés Bill James.

Dos inspectoras de asuntos internos de la policía, Sally Marinelli (Sandrine Kiberlain) y Esther Lafarge (Isabelle Huppert), son destinadas a una comisaría de una pequeña ciudad francesa de provincia para investigar un caso de corrupción relacionado con la muerte de un confidente. Su presencia y métodos despertarán la desconfianza de los lugareños, sobre todo policías y hombres.

La cinta arranca con la investigación de la muerte de Farid Benamar, un ex policía argelino e informante, en la localidad de Villeneuve. El cadáver es hallado en un lugar denominado Plage du Lac (localización muy presente en todo el metraje y crucial en incidentes posteriores)

El caso es encargado a Esther Lafarge, sadomasoquista -y estricta seguidora del “protocolo”- y Sally Marinelli, apocada voyeur. La relación de ambas nos regalará divertidos diálogos donde la Hupper desplegará su, también, vena cómica.

Sobre la relación Argelia-Francia, Bozon establece varias correspondencias: la diatriba racista de la primera escena del detective Robert Mendes (François Damiens) en un bar árabe, para provocar una pelea (“¡La Primavera Árabe es la primavera para maricones!”). Esther (Isabelle Huppert) y su esposo argelino violinista, Sally (Sandrine Kiberlain) y el espía argelino, Younès (Aymen Saïdi) o una serie de planos/contraplanos que relacionan a un jefe local de policía con imágenes de los disturbios de Argelia en un televisor.

La película gusta de disquisiciones absurdas, diálogos surrealistas y dislocados, donde se huye de esa búsqueda racional de pistas, para enfocarse en el trasfondo histórico colonial y las pasiones privadas de las dos detectives.

Tip Top

A nivel formal, existe esa indispensable relación entre el espacio y lo que sucede, los colores azulados, turquesas y blancos, de repente, se ven invadidos por pequeños “estallidos” de rojo (una flor, una fruta, una gota de sangre deslizándose por la nariz) rompiendo la estabilidad cromática y descolocándonos, nuevamente.

Sin embargo, Tip Top deja un un amargo sabor de boca, sólo endulzado por las interpretaciones de las dos protagonistas. El enfoque carece de un ritmo lo suficientemente sólido, la trama se antoja ambigua y destartalada. Las relaciones franco-argelinas, pese a estar presentes en toda la historia se tratan de una manera superficial y llena de tópicos.

Bozón se apoya en los gestos cómicos de los actores, en su dicción, en lo incongruente, lo sucio, lo absurdo… En recursos que funcionan de inmediato: el almuerzo de Sally, comiendo huevos revueltos en el techo de un coche, el argelino pintor de estadistas franceses, la coreografía interminable del soplón en la discoteca, etc… para construir una película, entretenida, pero sin más aliciente que ver a la Huppert dándose de hostias con su cónyuge.

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