Transcendence
6Nota Final

Tras un atentado contra su vida, el doctor Will Caster (Johnny Depp) fallece, pero su conciencia es traspasada a un ordenador. A partir de ese momento, el debate entre alma y robótica llegará a su punto culminante cuando el poder del nuevo Dr. Caster no tenga límites.

El mayor deseo de los humanos es llegar a ser dioses y poseer el control sobre todo lo que les rodea. Pero, ¿qué pasaría si alguien lo consiguiera? O, ¿qué pasaría si quién lo consiguiera no fuera un humano sino una máquina?

Estas y otras preguntas se plantean en “Transcendence”. Johnny Depp (“Nick Of Time”) interpreta de forma desganada a Will Caster, un doctor experto en inteligencia artificial, que es asesinado por un grupo antisistema contrario a sus avances tecnológicos. Justo antes de morir, su mujer Evelyn, interpretada por una sobreactuada Rebecca Hall (“The Prestige”), consigue traspasar su conciencia a un ordenador. El problema aparece cuando Will le pide que le dé acceso a Internet y, con ello, a toda la información del mundo.

Dejando de lado las pésimas actuaciones de los actores, el problema principal de “Transcendence” es que, teniendo todos los ingredientes para ser una gran obra, se queda a medias, sin aprovechar todo el potencial que la historia podría dar de sí.

Transcendence

Cuando transcurrida casi una hora de narración se nos presenta el conflicto real de la película, empiezan a aparecer los mejores aspectos de la trama. Estos momentos son llevados hasta el límite, pero no cuentan con el suficiente tiempo de metraje como para transmitir su fuerza expresiva y argumental. Así pues, se superponen demasiadas tramas y conceptos que podrían haber sido muy interesantes, pero que acaban quedando poco definidos.

El mensaje de la película se podría resumir en el hecho de que cuando alguien muere, nada puede revivirlo, ni tan solo una máquina. Y en el centro de esa circunstancia aparece el debate sobre la existencia del alma o la falta de ella. Pero este mensaje queda difuminado en una acuarela de explicaciones iniciales que no hacen realmente falta, pues tal y como se presenta el conflicto, el público da de antemano un voto de confianza y se cree todo lo que le digan. Sin embargo, las explicaciones que tendrían que ser más cortas se hacen largas y a la inversa, lo que incluye una elipsis de dos años que trata de dar credibilidad a la historia, pero que precisamente se la quita.

“Transcendence” encarna, pues, una de esas que películas que se valoran no por lo que son, sino por lo que podrían haber sido, y que despiertan en el espectador una apremiante necesidad de que alguien adapte el guión y haga la película que debería ser. Aun así, todas las ideas que aparecen en la película son interesantes y atractivas, con lo que su visionado es recomendable. Eso sí, con unas expectativas melancólicas.

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