Welcome to New York
8Nota Final

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En 1997, supuestamente, el periodista Pedro J. Ramírez fue gravado con una cámara oculta siendo sodomizado mientras vestía ropa interior de mujer. En 2008, el tabloide sensacionalista News of the World, publicaba unas fotos del todopoderoso presidente de la FA, Max Mosley, en una orgia sadomasoquista -con vestuario nazi incluido-… así podríamos estar páginas y páginas: desde las orgías de Berlusconi a la supuesta prostitución masculina en el seno del Vaticano. El catorce de mayo del año 2011, el economista y político francés Dominique Strauss-Kahn (DSK a partir de ahora) fue detenido en el aeropuerto de Nueva York, se le acusó de la violación de Diallo Nafissatou, una mujer que trabajaba en el servicio de limpieza del Sofitel New York Hotel. El resto es historia, todo el mundo lo conoce como el affaire Straus-Kahn.

Esta introducción tan manipuladora no pretende volcar basura sobre la clase política (que también). Mi primera intención a la hora de enfrentarme a este artículo es defender la manera que han tenido la dupla formada por Abel Ferrara (como director y co-guionista) y Gérard Depardieu (protagonista absoluto) de plantear el film, de abordar un caso del que se podría hacer una serie de televisión entera, al estilo “Damages” (2007-2014, Daniel Zelman y los hermanos KZK).

Si alguien conoce mínimamente la obra de Ferrara sabrá que bajo ningún concepto se centraría en la pobre camarera violada, que no mostraría piedad a la hora de juzgar a la clase política y, sobretodo, siempre buscaría la parte más oscura y lasciva del caso. Y es exactamente lo que hace, el film parte de media hora de sexo totalmente pornográfico, es un crescendo que va desde unos roces en el despacho del señor DSK (me niego a utilizar el pseudónimo que utilizan en el film, es tan poco sutil el enmascaramiento que da risa) hasta un trío con dos chicas en la cama; pasando por una orgía colectiva con varias prostitutas y dos amigos del protagonista, todos lanzándose una espesa crema de helado de color blanquecino, mezclada con drogas y alcohol (lo de la textura de la crema es otro ejemplo de la sutilidad del amigo Ferrara).

Welcome to New York

El film no cesa en mostrarnos escenas de corte sexual hasta la famosa violación y la posterior detención del personaje interpretado por Depardieu. Ahí entra la segunda parte del film, donde vemos el conflicto familiar que supone el escándalo desde el punto de vista de un desorientado Straus-Kahn, no por sentirse culpable, ni porque su vida política se haya acabado; su tristeza y mirada perdida surgen de la imposibilidad de seguir viviendo la vida como siempre lo ha hecho.

En el estilo con el que Ferrara aborda el film ha quedado totalmente atrás su barroquismo y su gusto por la fotografía cuidada. Hablamos de films como “The Funeral” (1996), “The King of New York” (1990) o esa genialidad que es “Bad Lieutenant” (1992). Aquí podemos apreciar un gusto por lo documental, por el naturalismo en las composiciones y la dirección de actores. En las escenas de calle se puede apreciar que no hay extras, algunos secundarios parecen amateurs -incluso mirando a alguien del equipo mientras graban una toma- . Todo esto favorece el aspecto realista del film, el montaje tiene ritmo y todas las escenas son realmente impactantes.

Pero si algo ayuda a que esta producción impresione al respetable es la inmensa (en todos los sentidos) actuación de Gerard Depardieu. Puede parecer una broma pero es el cruce perfecto entre Ron Jeremy y el Tony Soprano de las últimas temporadas; el actor de -ahora- nacionalidad rusa compone un Straus-Kahn totalmente animal, le cuesta respirar, babea y emite sonidos guturales. Es brillante cuando está desorientado, triste y perdido, como es maravilloso verle soltar improperios a su esposa (interpretada por Jacqueline Bisset). Su mirada, sus gestos, su cuerpo desnudo, Depardieu se entrega y el público lo agradece.

Los seres humanos, los ciudadanos, estamos desprotegidos ante la ley y los húmedos deseos de los poderosos; creo que es nuestro deber contemplar las obras de arte de los locos que se empeñan en ridiculizarles aún a costa de prohibiciones en salas y demandas judiciales.

(Creo que las elecciones europeas me están afectando)

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