Aprendiz de gigoló
8Nota Final

Fioravante (John Turturro), un sujeto tranquilo y sin grandes preocupaciones, se deja convencer por su amigo Murray (Woody Allen), un hombre entrañable pero obsesionado con el dinero, para ejercer la profesión más antigua del mundo, con él como “mánager”.

Uno es soledad, dos son compañía, tres son multitud. Con esta simple premisa, John Turturro (Romance & Cigarretes) nos muestra una sencilla pero sugestiva trama basada en la extravagante idea de un hombre con el don de convencer a cualquiera de hacer algo que nunca había pensado antes. Woody Allen (To Rome With Love), en el papel de Woody Allen, interpreta a este oportunista que siempre encuentra una ocasión para dejar caer las palabras exactas que le permitirán conseguir lo que quiere. Y así es como nos presentan la trama principal: Murray convenciendo a Fioravante para que haga de gigoló, en un tiempo récord de menos de 10 minutos de película. Pero aun así, sin saber cómo, nos lo creemos, como también nos creemos que Murray se tome tantas molestias para que Avigal (Vanessa Paradis) acuda a los servicios de su amigo.

Turturro prepara, desde el primer minuto, un escenario en el que cualquier cosa es posible, pero siempre teniendo muy claro dónde se encuentra el límite de la credibilidad. El guionista, director y protagonista consigue que las absurdas ideas de Murray y su aceptación por parte de Fioravante nos resulten hilarantes en el momento en que son planteadas, pero razonables en la siguiente escena cuando nos damos cuenta de que, dejando de lado el dinero, los protagonistas también creen en lo que hacen; un servicio muy bien definido por el personaje de Paradis (Café De Flore): “Eso es lo que haces, dar magia a las solitarias”.

Aprendiz de gigoló Woody Allen John Turturro

Con unos diálogos de 10 y una delicadeza excepcional, el guionista juega mucho también con el subtexto visual, que al mismo tiempo se maneja con esa obvia sutileza que el público siempre agradece. Detalles como el cruce con una monja en el camino de Fioravante hacia la casa de su primera clienta, el darse de bruces con la montaña que se le viene encima nada más llegar a la cita, o que la primera imagen que veamos de la casa del personaje de Sofía Vergara (Modern Family) sea el cuadro de un tigre (o que ella misma se llame Selima), permiten al espectador entrar en el universo de Turturro con un estilo narrativo que nos recuerda mucho al cine de su compañero Allen, pero siempre con este toque particular que el polifacético artista nos sabe dar.

Una película muy recomendable para pasar una buena tarde impregnándonos de ese tipo de tramas que nos descubren ciertas vertientes de nuestra peripecia vital. Y es que, por muy increíble que nos parezca la vida, siempre le podemos encontrar esa comicidad que nos permite conocer territorios cuya existencia nunca nos habíamos planteado.

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