Estado de caos
4Nota Final

Justo cuando estoy dándole los últimos retoques a este artículo, me entero que hoy es la efeméride de unos de los actos más malvados de la reciente historia de Norteamérica. Hablo del suicidio masivo de novecientas trece personas -entre ellos doscientos setenta niños-. Las investigaciones posteriores han demostrado que no fue un acto voluntario, detrás de este suceso se encontraba el reverendo Jim Jones, quien, junto a su gente de confianza, obligó a beber veneno mezclado con mosto a todos los integrantes en su campamento religioso.

Este señor no buscaba una verdad absoluta ni la llegada de unos extraterrestres, quería uno ejercido de esclavos y lo encontró entre los negros y los más pobres de las poblaciones deprimidas de los Estados Unidos. Una vez la administración del gobierno empezó a investigarle, fue a inspeccionar su campamento en la Guayana y los miembros del ejército personal de Jones mató a un congresista y sus guardaespaldas. Ya acorralado y sabiendo que van a ir a por él, cometió el este terrible homicidio camuflado de suicidio colectivo.

Entonces, ¿por qué estoy explicando esta truculenta historia que me hace reescribir el artículo? Muy sencillo:

Porque -aparte de ser una historia muy interesante a muchos niveles y terriblemente real- es perfecta para entender el que está esta novela gráfica que tenemos entre manos. Donde encontramos el juego político de partidos de derecha y extrema derecha, tenemos a veteranos de guerra que se sienten olvidados y traicionados por el gobierno hay diferencias raciales irreconciliables y una presunta trama para atacar al segundo presidente negro de la historia de los Estados Unidos. Y, sobre todo, lo cual más nos asemeja al suceso antes comentado, una milicia creada en las zonas rurales de este gran país y tan divido -siempre nos olvidamos del tamaño, es un continente- por un líder carismático.

Vinyetes de "Estado de caos" de Mat Johnson i Andrea Mutti.

Y he aquí la principal virtud de este tomo en formato rústica -y a un precio envidiable, 140 páginas por tan solo 11,95€-. Su verosimilitud. El guionista, Matt Johnson, crea una trama que se apoya al intentar entender a los miembros de estas milicias, a estas gentes que se afilian a predicadores que les dicen lo que quieren oir y sobre los cuales se hacen bromas infinitas. Son cazadores de cocodrilos, inútiles y estúpidos para el resto de los mortales, pero en esta historia también son gente utilizada por el gobierno, víctimas de la política educativa y de un país con una enfermedad llamada racismo. Allí el consumo de metanfetamina y el tráfico de armas están a la orden del día y el guionista los da voz con la investigación del protagonista que se infiltra en sus filas. Lo más peligroso es que dicen cosas que tienen sentido.

Pero este volumen dista mucho ser redondo, el guion tiene fisuras en forma de giros un tanto forzados y que rompen la coherencia realista que Johnson creó de salida. Si a esto le sumamos un final fácil esto rebaja la calidad total. Puesto que, además, el apartado gráfico no acompaña. El dibujo de Andrea Mutti es muy flojo, cuesta diferenciar la etnia de origen de algunos personajes y el blanco y negro por el cual se ha optado no aporta nada al relato.

Con todo, un tomo que confirma la bajada de calidad del sello Vertigo pero que, sin embargo, tiene un gran interés por su temática.


Editorial: ECC
Páginas: 144
Precio: 11,95€
Guión: Mat Johnson
Dibujo: Andrea Mutti

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