A estas alturas James Gray es ya un habitual en la competición del Festival de Cannes. Y aunque en sus tres participaciones anteriores (‘La otra cara del crimen’ en 2000, ‘La noche es nuestra’ en 2007 y ‘Two Lovers’ en 2009) sus películas dejaron buen sabor de boca, no se llevaron ningún premio.

The Immigrant’ es la primera película del director cuyo personaje protagonista es una mujer: Ewa (Marion Cotillard) una inmigrante polaca que junto a su hermana llega a Nueva York en 1921. Pero no todo sale como estaba previsto y su hermana se deberá quedar en la isla de Ellis recuperándose de la tuberculosis y a ella, Bruno (Joaquin Phoenix), un proxeneta sin principios, la rescatará de una expulsión segura.

El guión escrito por el propio Gray y el fallecido Ric Menello se centra en un triángulo amoroso no demasiado original, compuesto por Ewa, Bruno y su primo Orlando (Jeremy Renner) y deja fuera los aspectos que podrían resultar más sórdidos como la prostitución o la recuperación de la hermana en el hospital.

James Gray, Marion Cotillard y Jeremy Renner presentan "The Immigrant". (C) AFP

Visualmente muy cuidada, con una puesta en escena y una fotografía magníficas, ‘The Immigrant’ es siempre un placer para la vista, aunque en algunas ocasiones James Gray descoloque al espectador mezclando algunas escenas íntimas y contenidas escritas y rodadas con gran atención al detalle, con otras en las que peca de grandilocuente y en las que la música resulta excesivamente enfática.

Y la gran sorpresa, la revelación de esta edición del Festival de Cannes es ‘La vie d’Adèle. Chapitres 1 & 2’ (‘Blue is the warmest color’) de Abdel Kechiche. El director galo de origen tunecino, ganador de sendos César por ‘La escurridiza’ y ‘Cuscús’, es un habitual del Festival de Venecia y debuta en Cannes por la puerta grande. ‘La vie d’Adèle’ es la película que con diferencia más ha gustado a la crítica, si bien cuesta creer que un jurado presidido por Steven Spielberg se vaya a atrever a otorgar la Palma de Oro a una película basada en la relación romántica entre dos mujeres jóvenes en la que hay largas secuencias de sexo bastante explícito.

Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos, protagonistas de "La Vie d'Adèle". (C) FDC

La película sigue a Adéle (una espectacular Adèle Exarchopoulos que se merece todos los premios que le puedan caer), desde su adolescencia hasta su casi madurez. En su despertar sexual, en su relación con Emma (Léa Seydoux), en su primer trabajo, en sus encuentros y desencuentros… Son 180 minutos absorbentes, intensos, valientes, arriesgados, llenos de grandes momentos y que no pesan nada al espectador. Con un guión muy hábil que acierta en qué debe contar y qué debe dejar al margen. Con unos saltos en el tiempo tan bien marcados que no se requieren rótulos explicativos y dan ritmo a la narración.

Y con un excepcional trabajo de cámara, fluido, natural, dinámico y directo. Una cámara que se mueve, mira y enfoca como si fuera los ojos del espectador. Con primerísimos planos que se pegan al rostro o a los cuerpos de sus intérpretes y los persiguen y los buscan, para llevar al espectador a sentirse no testigo, sino parte de la escena.

La vie d’Adèle’ es una de las películas más honestas y más auténticas que recuerdo.

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