No hay ninguna duda de que Alexander Payne es uno de los valores seguros del cine de los últimos años. Un director que ha logrado no ser devorado por el aparato de las majors, ni caer en los tics indies y siempre con el apoyo de mayor parte de la crítica y resultados satisfactorios en taquilla.

Nebraska’, la película que ha presentado en Cannes, nos cuenta la historia Woody, un hombre que ya senil se empeña en hacer un viaje de cientos de kilómetros para cobrar el premio de un millón de dólares que en su opinión ha ganado en un concurso. Ante la obstinación de Woody por realizar ese viaje, su hijo David decide ayudarle.

Rodada en blanco y negro en carreteras y pueblos perdidos de la América más profunda y decaída, esta road-movie interesa primero y luego emociona, gracias a la dinámica que se establece entre padre e hijo, a la química entre sus dos intérpretes protagonistas, Bruce Dern y Will Forte, magníficos ambos, y a la sensibilidad del guión de Bob Nelson.

Alexander Payne y los actores de "Nebraska" en Cannes. (C) FDC

A los dos personajes protagonistas, les acompaña la galería de personajes secundarios y sus pequeñas anécdotas habituales del cine de Alexander Payne, que en muchas ocasiones ponen el contrapunto cómico a una historia de por sí melancólica y amarga.

Y aunque la película se titule ‘Nebraska’, también podría ser ‘Hawthorne’ (efectivamente, éste suena a veneno para la taquilla). Porque gran parte de la acción de la película se desarrolla en un pueblo de ese nombre, del que es originario el personaje protagonista. Uno de esos pueblos en los que todo el mundo se conoce, en el que todos saben la vida y milagros de sus vecinos y en los que nadie olvida los temas pendientes del pasado. Y también de eso, va ‘Nebraska’. A falta de dos días para finalizar el concurso, huele a premio.

La segunda película del día a competición ha sido la francesa ‘Michael Kohlhaas’ de Arnaud des Pallières, protagonizada por un magnífico Madds Mikelsen, ganador del premio a la mejor interpretación masculina en la edición del año pasado de este festival por ‘La caza’. Ambientada en la Francia del siglo XVI, narra la lucha de un próspero tratante de caballos que exige justicia al sentirse discriminado por un barón de su comarca. Una lucha por la justicia y en contra de los poderosos que se aprovechan universal y atemporal.

Madds Mikelsen, espera repetir premio con ‘Michael Kohlhaas’, de Arnaud des Pallières

Arnaud des Pallières se centra en el personaje que da título a la película y deja fuera de campo las batallas a espada tan de boga últimamente (cosas de ‘Juego de Tronos’) y los dos juicios, primando los aspectos íntimos del drama, los efectos en los personajes de los acontecimientos que sabemos que ocurren, pero no vemos.

Llama la atención la intervención en una escena de Sergi López (una de las pocas en las que no aparece Mads Mikelsen) y en otra la de Denis Lavant. Rigurosa y sólida, la película se desdibuja en su parte final.

Redford en su barca, fuera de concurso

Fuera de concurso se ha presentado ‘All is lost’ de J.C. Chandor, que en su anterior film nos dio una explicación bastante clara de la crisis financiera con ‘Margin Call’. Y si aquel ya fue un reto considerable, ahora intenta el más difícil todavía. Deja a Robert Redford solito en un velero a la deriva durante 105 minutos. Ni más, ni menos. Y gracias a su talento narrativo, a su capacidad de contar las cosas de forma clara y a un guión que sabe repartir a lo largo del metraje todo lo que le puede ocurrir al personaje en ese tiempo, logra enganchar al espectador sin necesidad de tigres, cebras o ballenas fluorescentes a lo ‘La vida de Pi’.

Robert Redford y el equipo de "All is lost" en Cannes. (C) AFP/FDC

Peor le han ido las cosas a Guillaume Canet con ‘Blood Ties’ y su viaje a Brooklyn. A pesar de un reparto de campanillas (Clive Owen, Marion Cotillard, Billy Crudup, Mila Kunis, Zoe Saldana, Matthias Schoenaerts y James Caan) y un guión escrito a cuatro manos junto con James Gray, esta película sobre dos hermanos cada uno a un lado de la ley (algo muy de Gray) parece un artefacto demasiado grande para que lo pueda manejar el director Guillaume Canet que no consigue estar a la altura.

Zoë Saldaña y Marion Cotillard, dos de las protagonistas de "Blood Ties". (C) FDC

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