A quien le importa. El musical
7Nota Final

Los que sobrevivieron a los ochenta y en particular a la nostálgica “movida”, saben que una de las figuras emblemáticas de ese momento fue Carlos Berlanga, compositor, pintor, ilustrador y cantante. “A quien le importa. El musical” recupera el espíritu de la “movida madrileña” subiendo a escena las canciones más memorables de Berlanga y honrándole además un merecido homenaje.

Óscar despierta en la cama de un hospital. Delirante y desmemoriado no recuerda cómo llegó allí. Una enfermera singular, Sor Yvonne, le atiende y medica con esmero. Narcotizado y saturado de químicos, empieza a recordar las escenas y situaciones que marcaron su vida, reconstruyendo un desenfrenado y accidentado relato a través del cual viajamos a la década de los ochenta. Así arranca el débil argumento de “A quien le importa. El musical”. Y digo débil sin ningún ánimo de ofensa ni espíritu despectivo, puesto que el espectador sabe que más que un argumento, la movida fue una atmósfera, una explosión irreverente de libertad cultural contra los coletazos de la censura. Es por eso que el argumento es más una excusa para hilvanar los temas musicales que no un fondo para explicar el momento.

“A quien le importa. El musical” es precisamente un espectáculo irreverente, fiel al espíritu más “petardo” de la movida, cuyos personajes se atreven a ser como son y se muestran intransigentes e inalterables contra y con la represión ideológica, sexual y creativa que había caracterizado las últimas décadas. Y es que si algo promulgaron los protagonistas de la movida fue un atrevimiento creativo según el cual cualquiera estaba legitimado para ser cantante, director de cine, actriz, compositor o cualquier otra forma de manifestación artística.

Aunque las interpretaciones debieran estar más cuidadas, las voces son desiguales y la comicidad de las escenas tiene cierto aire de sainete, en este espectáculo no importa, precisamente porque logra con creces recrear la filosofía y atmósfera de la movida, resultado en el que fácilmente se reconocerán los que fueron sus protagonistas. A remarcar cierta escena en la que se recrea una discoteca de la época y en la que mediante un juego de luces magistral se envuelve plenamente al público en esa atmósfera.

A quien le importa Teatro Arlequín

El espectáculo, del mismo modo que otros musicales al uso que han copado los escenarios en los últimos diez años, necesita de un público implicado para retroalimentar las escenas que se convierten en un revival de la época casi a modo de concierto. Los protagonistas asaltan el patio de butacas, invitando al público a colaborar para lograr la catarsis colectiva. Y del mismo modo, Tony River, maestro de ceremonias de tablas acumuladas y que llena el escenario con solo pisarlo, invita al público a soñar y a cantar desde el primer minuto.

Números musicales bien resueltos y la sorprendente presencia de artistas invitados que aparecen sin hacer acto de presencia –no desvelaremos el secreto- el espectáculo se convierte en un tierno homenaje colectivo a Carlos Berlanga y en una mirada nostálgica y complaciente a su época que recupera con esmero los aires de la “movida madrileña”. “A quien le importa. El musical” es un musical amable y entretenido apto para todos aquellos nostálgicos que sobrevivieron a sus excesos.

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