Amb l’avinentesa de l’estrena de “Miel de Naranjas” dirigida per Imanol Uribe, ens embarquem en una entrevista amb l’actor Karra Elejalde, qui hi realitza un treball acurat en la seva interpretació de Don Eladio, un jutge militar durant la post-guerra, a l’Espanya franquista.

¿Cómo ha sido el reencuentro con Imanol Uribe tras dieciocho años de rodar “Días Contados”?

Ya en “Días Contados”, a Imanol le llamábamos “no panic”. Crea un ambiente muy relajado. Nuestro trabajo es multidisciplinar, e Imanol sabe crear una atmósfera donde todo el mundo se siente importante, se siente copartícipe, valorado. Sabe crear un ambiente muy positivo y relajado donde trabajar. Lo que hacemos, en inglés es “play”, en francés “jouer”, jugar, en definitiva. Las dos películas que he hecho con él han sido bonitas experiencias, muy gratificantes, y volvería a rodar con él, sin duda, si me lo volviera a pedir.

¿Y cómo fue la relación con el resto del elenco de “Miel de Naranjas”?

Muy bien. Eduard (Fernández) es un actorazo, al que respeto mucho, igual que a Carlos Santos, Nora Navas, Angela Molina…No había rodado nunca con Ángela ni con Nora; con Carlos Santos sí, en Bolívia (“También la lluvia”). Y no conocía a Iban Gárate. A Blanca Suárez la conocía de “El barco”, pero no había tenido experiencia a fondo con ellos. Un equipo encantador y un ambiente muy majo. Yo creo que es un elenco de actores muy variado y muy solvente, en definitiva.

¿Cómo te planteaste afrontar tu papel de Don Eladio en “Miel de Naranjas”?

Fue una especie de “pacto”, de puesta en común entre Imanol y yo. Ambos pensamos que no se trataba de criticar o criminalizar el personaje, sino de ponernos en su lugar. Pensamos que en la contienda civil española, tanto el que estaba apuntando desde un lado como desde el otro, creían que estaban en posesión de la verdad. Por tanto hemos intentado hacer al personaje humano, bidimensional como mínimo, polifacético, que no sea marcado prototípicamente de “malo”. Ya el uniforme, la pinta, las cosas que le tocan hacer, lo muestran, por lo tanto el juego que pactamos fue dar el máximo de naturalidad, ponernos en su lugar, y defenderlo. Si establecemos un paralelismo con la medicina, este personaje pensaba que el comunismo, la masonería, era lo peor que nos podía suceder, el alzamiento acabó con ello, y nos situamos en los años cincuenta, y todavía hay pequeños grupúsculos, células cancerígenas resistentes que tiene que erradicar, y para eso va a ser lo que yo quisiera que un cirujano o médico fuera conmigo, ser radical para acabar con ello. En ningún momento tiene la sensación de estar haciendo ningún mal. He intentado comprender al personaje que ideológicamente está a años luz de cómo Karra piensa. Le he abordado, incluso, pensando que soy el bueno de la película.

Karra Elejalde

¿Cómo abordas habitualmente tus personajes?

Cada uno de una forma distinta. Es como si preguntas a un cocinero cómo hace las salsas: cada plato esta hecho de una forma distinta. Hay que ser igual de riguroso a la hora de hacer un drama, una comedia o una película de época. A veces ves el papel a abordar y tienes claro usar una metodología u otra. Eso sí, me gusta ir al set de rodaje un par de días antes para respirar el tono o el raccord, que creo que también debe estar en la interpretación. Te da un tono a ti, pero también te ayuda a jugar al contrapunto, el hecho de ver a los compañeros abordando el guión.

Te vimos hace tiempo en teatro, con “La Kabra tira al monte” o “La Kabra y mis yoes”, tu último trabajo fue en “Emma, la mujer más peligrosa de América”, ¿cuál es tu relación actual con el teatro?

Con los monólogos de “La Kabra” acabamos muy agotados. Eran unos monólogos espesos de interpretar, con muchos personajes, muy físicos, de casi dos horas… Estuve treinta años trabajando teatro… Y “Emma” fue una experiencia muy satisfactoria, con Ramón Barea, con Aitor Mazo, Toni Acosta… me pareció fantástico, lo pasé genial, pero la verdad es que la cosa está muy parada, aunque a uno le gusta hacer de todo. La cosa está mal, y a veces te pasas meses sin tener ofertas, pero estoy abierto a hacer cine, televisión, teatro, lo que haga falta, siempre que el proyecto me guste y me interese.

¿Existe la “maldición del Goya”?

Ya dije: “tranquilos, que este Goya, lo pago yo!” (risas).
Existe la idea que cuando ganas un Goya doblas tu caché, o cobras más; yo no he hecho nada de esto. De hecho a los actores nos están pagando exactamente menos de la mitad de lo que cobrábamos hace diez años. No puedo decir que me haya ido mal. Gané el Goya (Mejor actor secundario por “También la Lluvia” 2011), y he rodado dos películas en el último trimestre del 2011, una con Imanol Uribe y otra con Daniel Calparsolo. Está muy bien, y ojalá pudiéramos hacer esto cada trimestre o cada año. No puedo decir que para mí hubiera ninguna maldición.

Karra Elejalde

¿Y para cuándo Karra dirigiendo de nuevo?

No me han quedado muchas ganas. Me siento más solvente escribiendo, o interpretando.

¿Te queda alguien con quien te gustaría trabajar o colaborar?

Sí, mucha gente. Pero no sabría decir. Yo he tenido una suerte muy grande, la gente desea trabajar con gente consagrada, grandes, famosos… La mitad de mis películas están hechas con nuevos realizadores, he tenido mucha suerte que ellos hayan querido echar mano de mí. Esto me satisface mucho, porque ellos son la nueva savia, son los que van a ser grandes pasado mañana. Yo puedo decir que he hecho las tres primeras pelis de Ulloa, las tres primeras de Medem, la primera de Vigalondo, la primera de Calparsolo, la primera de Balagueró…me dejo muchos… Para mí es una suerte muy grande, y no puedo renegar de trabajo que me han dado personas que cuando hicieron su primera película eran desconocidos. Por tanto me satisface igual que me llame un director consagrado, o alguien que esté empezando un proyecto y que me llama porque le gusta cómo lo hago.

Para cerrar, vamos al principio de todo. ¿De dónde viene tu amor por esta profesión? ¿Cómo empezó Karra actor?

De una manera totalmente casual, yo contaba chistes, era muy gracioso…En la mili conocí a Toño Sampedro, que ya falleció, y de su mano entré en La Farándula. En el primer espectáculo hacía catorce personajes. La Farándula es uno de los grupos más antiguos de España, un grupo que en su origen era amateur, claro, y empecé allí. Después fundé grupos de teatro, fundamos Zipi Tapa, fundamos La cooperativa Órdago, ya como profesionales… Y haciendo teatro surgió la primera película, sigues haciendo teatro y surge otra… son cosas casuales… Yo, en mi currículum, como había sido electricista y había cursado la Formación Profesional (F.P), en lugar de “cursó estudios de arte dramático” como todo el mundo, ponía “cursó dramáticos estudios durante su período de Formación Profesional”, y creían que ponía que había cursado estudios de arte dramático (risas)… Luego he sido pedagogo, he dado cursos de teatro, interpretación, acabas teniendo una experiencia que enseñar. Pero cuando empecé, no tenía mucha idea de lo que era este mundo, y haciendo es cómo he aprendido. Hacer enseña mucho, a veces incluso por el procedimiento de ensayo-error. Acabas teniendo un olfato sobre lo que funciona o no, o sobre el camino que debes seguir. El actor tiene la obligación de no ser tópico, de no proponer la primera lectura, y de elucubrar qué caminos se pueden seguir para no hacer siempre lo mismo. El solo hecho de ser distinto ya es algo. Intentar aunque sea llegar al mismo punto pero por un camino distinto…Si eres capaz de enseñar que se te ha hecho tarde sin recurrir a mirar al reloj…pues fantástico! Es una obsesión que tengo, una manía mía.

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