Se acabó la temporada de premios. Han sido tres meses de Oscars, Goyas, Globos de Oro, Césars, BAFTAs, premios de la Academia Europea de Cine, de la crítica, de los sindicatos, de agrupaciones profesionales, del cine independiente, del de animación… Con los Oscars que se entregaron la madrugada entre el 26 y 27 de febrero, se puede dar ya por cerrado el período de premios para reconocer a las mejores producciones cinematográficas de 2011.

Pero en este artículo no pretendo explicar por qué me parece que ‘The Artist’ no es la mejor película del año, ni polemizar acerca de si era ‘Pa Negre’ o ‘La piel que habito’ la mejor representante posible del cine español en la categoría de mejor película de habla no inglesa en los Oscar, ni elucubrar acerca de las razones por las que los miembros de la Academia de Hollywood decidieron que no eran destacables la interpretación de Michael Fassbender en ‘Shame’, la de Tilda Swinton en ‘Tenemos que hablar de Kevin’ o la de Charlize Theron en ‘Young Adult’.

Peliculas y premios

Lo que siempre me ha llamado la atención es por qué nos interesan tanto estos premios. Al menos a las personas que seguimos la actualidad cinematográfica y somos habituales de las salas de estreno. A mí al primero. Porque todos estos premios, a diferencia de los de los festivales, no presentan nada nuevo, no ofrecen películas inéditas, solamente ponen su supuesto sello de calidad (o lo que sea) a películas ya (re)conocidas. Uno entiende que los no muy aficionados al cine estén atentos a lo que se premia por ahí y se dejen llevar por los premios a la hora de elegir qué película van a ver. Pero los cinéfilos más atentos e interesados ya hemos visto gran parte de las películas cuando éstas reciben los premios. Nuestra agenda la determina más el calendario de ‘estrenos’ (por cualquiera de los medios a los que accedemos a las películas), que el de las entregas de premios. Y para cuando ‘The Artist’ triunfa en los Oscar, en los BAFTA o en los Globos de Oro ya la hemos disfrutado, odiado o admirado, según el caso, en los cines. Y que gane 5 Oscars, 7 BAFTAs o 3 globos de oro poco añade a lo que sentimos cuando vimos la película. O porque si ‘El árbol de la vida’ se va de vacío, no va a cambiar nuestra percepción de la película respecto de la que tuvimos cuando la vimos hace meses.

The Artist, Oscars 2012

Una película es lo que es por sí misma, independientemente de los premios que decidan darle. Y si me gusta o la odio es algo personal. Poco podrá hacer la opinión de otros o una ristra de premios para cambiar mi impresión sobre la misma. Porque cuando voy a ver una película, lo que espero es emocionarme, reír, llorar, entretenerme, divertirme, que me haga pensar, que me ayude a evadirme de la rutina o lo que sea en función de las circunstancias, pero no ver 5 oscars o 6 goyas. Y poco importan los premios al recordar la emoción sincera del homenaje de un neoyorquino a un pionero galo del cine fantástico de ‘La invención de Hugo’ o el hábil préstamo de estilos, tonos y trucos del cine clásico ‘made in Hollywood’ que hace un grupo de franceses en ‘The Artist’. Porque los premios cinematográficos se crearon como una forma de vender las películas, como mecanismo de marketing, con muy poco que ver con el hecho cultural propiamente dicho. Y todavía a día de hoy, una entrega de premios como los Oscar o los Goya, consigue ser portada en diarios y revistas no especializadas o abrir informativos en radio y televisión y llevar a algunos no tan aficionados al cine. Y al fin y al cabo, ése es su principal objetivo.

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