Si el Sidecar y Black Joe Lewis tienen algo en común es seguramente por el espíritu de ese lugar oscuro tendencioso donde se mezcla el sudor y el whisky, que no es más que el alma salida del infierno pecadora de un amor edulcorado, de corazones rotos. No se me ocurre nada mejor para el concierto de Black Joe and The Honeybears de ayer que lo que acabo de escribir.

Porque lo que salió del pequeño escenario fue una fusión de funk y el blues puestos al día con la energía visceral de Black Joe Lewis; los ocho miembros del grupo (de los cuales apenas he podido contar siete en el minúsculo escenario de la sala Sidecar), liderados por el incontenible Joe Lewis, irrumpen en la escena musical desde Austin (Texas) con su nuevo disco de “Scandalous” y su sonido decididamente retro dispuestos a conquistarse a sí mismos. Con sus rítmicas guitarras, la sobresaliente sección de metales, ese penetrante bajo y ese hombre que exuda energía por todos los poros al frente de todo.

Cada tema abordado fue un ataque directo al estómago, con su endiablado ritmo y esa envidiable capacidad que tiene para describir la vida tal y como es a través de sus letras. Nadie echó de menos la comunicación que podía tener eventualmente Black Joe con su público, que al fin y al cabo vino a escuchar el blues, soul y funk característico de su primer álbum “Tell’Em What Your Name Is” y recibió en sus oídos el sonido de un estupendo “Scandalous”. un desgarrado y ventoso R&B y soul sudorosos, mezclado por un blues y aderezos de rock and roll, garage. Pero hubo ahí algo más clásico, una nutrida sección de vientos arropada por canciones con elegancia y mucho ritmo.

El de ayer fue un concierto en dos partes. La primera bastante serena y profesional con canciones del último álbum “Stop Breakin’Down” o la rebotada del funky “Livin’In the Jungle”. La segunda, perdida entre lo artístico y el arte de la improvisación, con hits como “Boggie” que tuvo tres finales o la más esperada y literalmente anunciada por Black Joe en perfecto castellano – “Puta, te amo” (“Bitch, I love you”).

Escuchándoles en conciertos como el de ayer, uno supone que el espíritu de Jimmy Hendrix estaba en sus entrañas. Y no tuve que esperar mucho hasta que Black Joe lo confirmó finalizando una de las inflamables canciones tocando la guitarra con la boca. Y si de esto no tenía dudas, cuando escuché uno de sus “yeahs” supe también que como este no habíamos oído uno desde los buenos tiempos de James Brown. Esa voz rasgada de Black Joe Lewis posee la dinamita de un joven James Brown mezclado con el espíritu perdido de los 60 encarnado por Jimmy Hendrix. Una conclusión atrevida con la que tendré que esperar a ver si el tiempo me da la razón.

En Sidecar, cuando ya se estaba rozando las dos horas de concierto Joe Lewis anunció: “Ok people tree more songs”. Y así fue, tres canciones más de las cuales dos fueron versiones, una de ellas de The Kingsmen, “Louie, Louie”. El público hambriento de ese peligroso cocktail soul-funck-rock y por fin saciado con todo ese manjar de ritmos alocados, despedía al grupo reclamando el retorno de esos músicos infernales. Y no ubo que esperar ni cinco minutos para que volviera al escenario Wilson Ticket, rompiendo el silencio con los riffs de su guitarra. Han vuelto para un bis más de cuatro canciones y todos para casa. No hubo tiempo para despedidas y gracias. Este es su estilo y no necesitan más que eso, una exhibición efectiva y talentosa, una fusión de música minimalista, catártica, racial, agresiva casi obscena perfectamente indicada para devorar la vida a bocados y perder la inocencia.

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