No habrá paz para los malvados
6Nota Final

La nueva película de Enrique Urbizu fue una de las favoritas de la crítica en el último Festival de San Sebastián, si bien finalmente el Jurado no le otorgó ningún premio. Cine negro crudo y directo protagonizado por José Coronado, Rodolfo Sancho, Juanjo Artero y la cantante de Delafé y Las Flores Azules, Helena Miquel.

En el año 2002, el bilbaíno Enrique Urbizu demostró con “La caja 507” que era posible hacer buen cine negro en España. Que era posible trasladar con dignidad un género tan estadounidense como el policiaco a Andalucía. Y en esta ocasión vuelve al género con una película cruda y áspera, con un thriller desnudo y directo.

Santos Trinidad, interpretado por José Coronado, es un inspector de oscuro pasado que estando muy borracho se ve involucrado en un triple asesinato. Un testigo consigue escapar y podría incriminarlo. Santos emprende una investigación destinada a localizar y a eliminar al testigo. Mientras tanto, la juez Chacón, encargada de la investigación del triple crimen, avanza meticulosamente en la búsqueda del asesino. Ambos descubrirán muy pronto que lo que parecía un simple caso de tráfico de drogas es, en realidad, algo mucho más peligroso.

“No habrá paz para los malvados” es un ejercicio de estilo para cinéfilos y aficionados al thriller en el que Urbizu demuestra su dominio de la puesta en escena, del encuadre y de los movimientos de cámara para transmitir la atmósfera insana y sórdida en la que vive Santos Trinidad. Con clase y empaque.

El problema es que a Enrique Urbizu y a Michel Gaztambide se les ha ido un poco la mano en la estilización de su guión, en la eliminación de todo lo que consideraban superfluo. Y la película acaba siendo la simple sucesión de unos hechos. Con pulso firme, pero algo monótona y uniforme. Sin pararse a dar demasiadas explicaciones acerca de los sus causas o de sus consecuencias. Sin detenerse a presentarnos a los personajes. Da la impresión de amagar el golpe continuamente sin acabar nunca de ejecutarlo. De que siempre está a punto de pasar algo, pero sin llegar a ocurrir en toda su gravedad. Casi dos horas de anticlímax, que no acaba de enganchar al espectador.

Las principales víctimas de esa estilización son los personajes. El guión nos da muy pocas pistas sobre sus vidas, sus motivaciones, su pasado. Y salvo por Santos Trinidad, el resto se quedan en meros arquetipos por los que es difícil sentir empatía y con los que tienen que lidiar los actores que los interpretan sin conseguir dotarles de la credibilidad necesaria. Y “No habrá paz para los malvados” se acaba convirtiendo en una historia de persecuciones, investigaciones paralelas, asesinatos, muertes, toques de western y referencias al terrorismo islamista que ocurre a unos perfectos desconocidos.

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