La undécima edición del Primavera Sound acabó. Ayer el protagonismo volvió al Poble Espanyol donde había empezado el Miércoles pasado. No hubo el lleno del primer día, y la gente venía más contenida y sin excesos. Una tarde tranquila con la mayoría de asistentes sentados en la platea, evidenciando que el peso de los últimos intensos días pasaba factura.

My Teenage Stride se presentó en el escenario cuando todavía era de día. Acudían con su nuevo álbum “Ears Like Golden Bats”, lleno de canciones cortas que consiguen un equilibrio perfecto entre la distorsión, la melodía y la pasión por la oscuridad. Ejemplo de eso fue el single “To live and die in the airport lounge”, un temazo que sonó ayer como una suave corriente de aire.

BMX Bandits tocaron justo después, una formación de cinco con un pop apasionado y con firmes tendencias de los sesenta, canciones radiantes, cuyo resultado fue un sonido entrañable que conquistó a todos los presentes. Douglas T. Stewart, un tío muy cómico en el escenario, no paró de dedicar canciones a amigos y conocidos, demostrando de nuevo que es una persona que se mueve muy bien en estos escenarios (no podemos olvidar que ha sido uno de los inspiradores de Belle & Sebastian). El escocés dejó bien claro ayer que su vida musical ha dado mucho al pop en general.

Llegado el momento esperado, la noche había caído ya sobre el escenario y por lo tanto apenas faltaban para cerrar esta edición los Mercury Rev perform Deserter’s Songs. El escenario estaba iluminado, como si fuera el cielo estrellado de una noche de verano, mientras esperábamos a uno de los grupos más fuera de órbita, el space-rock de finales de los noventa.

Foto: Primavera Sound – Dani Canto

La banda de New York, encabezada por Jonathan Donahue mostró en directo un rock psicodélico experimental muy melancólico. Sus canciones, muy trabajadas y compuestas, dejaron al público del Poble Espanyol muy atento, como si estuviera conteniendo la respiración para que no dejase de escuchar lo que salía de los altavoces. Tocaron canciones del álbum “Deserter’s Songs”, lanzado en 1998, entre ellas la más aclamada, “Goddess on a Highway”. Pero tampoco faltaron “Hudson Line” o “The Funny Bird”. El de Mercury Rev fue un directo lleno de luz y misterio, que ha dejó al público tranquilo y permitió cerrar esta edición del Primavera Sound a lo grande.

Atrás quedan un nuevo récord de más de 120.000 personas, una media de 40.000 asistentes cada día, un viernes en el que ascendió a 43.800, 221 grupos y 73.800 metros cuadrados de recinto. Cifras que demuestran lo grande que puede ser un festival urbano, una referencia a nivel europeo que ha servido, como es habitual, para confirmar a nuevas estrellas en formación. Datos de los que se habló en la rueda de prensa el pasado sábado, donde la organización se mostraba orgullosa de su actuación y del resultado que ha tenido esta undécima edición.

Foto: Primavera Sound – Inma Varandela

Un festival que hablaba cuatro idiomas principales entre el público: catalán, castellano, inglés y alemán, reflejando exactamente hasta dónde puede llegar el potencial del Primavera Sound. Un escaparate para la música independiente, un refugio para los verdaderos artistas que no se dejan corromper por el peso del marketing y de la industria musical. Hemos asistido a un éxito más del Primavera, seguramente este año servirá para plantear la capacidad en la divulgación del contenido artístico, como también en la capacidad de creación de nuevas tendencias. Veremos que habrá en la nueva edición, lo único que podemos hacer hasta entonces es seguir escuchando buena música.

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